Nicolás Jarry, el tenista chileno de 30 años, está lejos de la versión que supo imponer mucho respeto en el circuito y que lo encumbró como top 20 (16°) hace dos temporadas. Actualmente ubicado en el puesto 155°, compite mayormente en los Challengers y en las qualies de los ATP tratando de recuperarse a nivel deportivo y, también, de una enfermedad llamada neuritis vestibular, una inflamación del nervio vestibular en el oído que le provoca mareos, náuseas y problemas de equilibrio. El origen del problema fue un hecho traumático vivido en mayo de 2024 durante el Masters 1000 de Roma que, en su momento se conoció en el mundo del tenis y que, poco a poco, fue trascendiendo.
Fue María Laura Urruticoechea, la esposa de Jarry, quien en los últimos días entregó detalles del severo momento al que se enfrentaron hace dos años en Roma, precisamente en un torneo en el que a su marido le fue muy bien: llegó hasta la final, donde cayó con el alemán Alexander Zverev. Todo ocurrió luego de que Jarry (por entonces 24° del ranking) venciera en su debut a un jugador local, Matteo Arnaldi. Urruticoechea y sus dos hijos pequeños -sin Jarry que se había quedado en el club realizando sus distintas rutinas de recuperación- regresaron al hotel en el que se alojaban y, al ingresar en la habitación, se encontraron con un escenario alarmante.
“Estoy haciendo este video porque quiero contar algunas cosas que nunca antes he contado. Hace dos años, en el Masters 1000 de Roma, primer partido de Nico que fue con un italiano, nos llegaron amenazas que, lamento decir, que es usual que uno las reciba. Las reciben todos [generalmente vinculadas a las apuestas]. Te llegan, aunque tengas perfil cerrado o abierto”, comenzó relatando la esposa del tenista sudamericano en un posteo de Instagram.
Y continuó: “De verdad que te estudian y dan un poco más de miedo. Estábamos en Roma, llegan estos mensajes de: ‘Te voy a llevar a tus hijos en cajón’. Lo miré justo cuando se acabó el partido. Dije: ‘Wow, qué agresivo, pero será normal’. Llegamos a la pieza del hotel con los niños antes que Nico, que estaba haciendo sus cosas, teníamos piezas separadas, y alguien se había metido en la pieza de los niños, había fumado cigarro y lo había dejado apagado en la cama. Sacaron las almohadas, como ocho puestas en el suelo estratégicamente, desordenando todo. Era como alguien diciendo: ‘Oye, yo estuve acá’. Nosotros no dejamos esto así, no hemos sido nosotros, tratando de creer que quizás habíamos sido, pero no, eso era imposible”.
En ese momento, el jugador, que es nieto de Jaime Fillol (leyenda del tenis de Chile), era entrenado por el argentino Juan Ignacio Chela (el vínculo se terminó en noviembre de ese año).
La mujer de Jarry prosiguió contando: “Fuimos a hablar con el hotel, pero dijeron que seguro habíamos sido nosotros. Fuimos a hablar con la policía, pero es todo súper complicado en Roma. Es como que tiene que ir un hombre a hablar con la policía, a las mujeres no las escuchan, hay que hablar en romano, ni siquiera en italiano, es mucha burocracia en Italia. No nos dejaban hablar con la policía. Volvimos a la pieza y el hotel, en vez de ayudarnos, habían ordenado todo, sacaron rastro de todo. Dije: ‘No, no podré dormir tranquila hoy a la noche, voy a la policía’. Logré ir y no nos creían, pero cuando vamos de vuelta, logro volverme a la pieza, que estaba impecable, con dos policías y cuando subimos, la misma persona [que había entrado antes] se había metido y había hecho lo mismo: las almohadas, el cigarro y había dejado dos cosas de los niños arriba de la cama. Ahí el miedo que sentimos todos y la invasión de los límites. Fue muy fuerte”.

Urruticoechea contó que luego de ese último episodio, Jarry llamó a la ATP, pero que no halló muchas soluciones. “Nos dijeron como: ‘No te puedo ayudar mucho, lo único es cambiarte de hotel, ¿quieres?’. Y obvio que queríamos. En mi cabeza creía que íbamos a tener guardaespaldas, que algo iba a pasar, pero no… Es como que fue normal. Fue muy difícil… los días siguientes tuvimos que ir a la comisaría, porque hay que tener pruebas para que puedan mirar tu pieza. Tuvimos que ir a la comisaría con el papá de una amiga, que es romano, lo escucharon. Por suerte le terminó yendo bien a Nico en ese torneo, fue una semana mega difícil. Cuando ya logramos mostrar las pruebas habían pasado tres o cuatro días, al hotel justo se le habían echado a perder las cámaras y no hicieron nada. Nunca se siguió el tema, nunca pasó nada. En el fondo, lo que quiero mostrar, es que esto pasa y pasa mucho. Hay que tener mucho cuidado con lo que uno dice”.
La esposa del jugador chileno confesó que luego de ese episodio empezaron los problemas de salud. “Después de Roma y de esto le vino el vértigo. No se imaginan lo duro que fue eso. No se llegan a imaginar. Nico sigue teniendo que llegar a la pieza y poner todos sus papelitos con puntitos para ir mirando y tratando de ajustar la vista. Lo que su vista le dice y su cabeza le dice son cosas distintas hasta el día de hoy. Nico está haciendo todo lo posible para crecer y ser resiliente en medio de un momento muy difícil”.
En el momento que ocurrieron las amenazas, LA NACION tuvo acceso a la información a través de cuatro fuentes distintas y se consultó a Cecilia Casla, la persona encargada de la comunicación del tenista chileno, quien respondió cuatro meses más tarde y dijo que se trataban de “fuentes tóxicas”, “fake news” y “rumores de X”. Sin embargo, el tiempo confirmó lo sucedido. Es más: en agosto del año pasado, en el diario chileno La Tercera, fue el propio Jarry quien comentó algo de lo sucedido aquella semana en Roma, aunque sin tantos detalles.
Estremecedor testimonio de la esposa de Jarry
“Se dieron esos dos partidos de mucho estrés contra locales [además de Arnaldi, frente a Stefano Napolitano]. Y esa noche llegamos al hotel y nos encontramos la habitación revuelta. No se habían llevado nada, pero mi primera reacción fue cambiarnos de hotel y quedarme tranquilo. No dormimos mucho y jugaba al día siguiente (…) Fueron días muy intensos y, literalmente, el día del partido de la cuarta ronda (ante Alexandre Müller) es cuando tuve el primer episodio. Así que creo que sí o sí era mi cuerpo que explotó de esta forma, porque ya no aguantaba más”, expresó Jarry, una víctima más de amedrentamientos vinculados, según se cree, a las mafias de los apostadores, un problema en el mundo del tenis que no se resuelve y sigue creciendo.
Vale recordar lo que sucedió en febrero pasado, cuando Román Burruchaga denunció amenazas de muerte antes de la semifinal del Challenger de Rosario.
Laura Urruticoechea confirmó algo que había trascendido en la intimidad del mundo del tenis: durante el Abierto de Italia 2024 sufrieron graves intimidaciones y amenazas en el hotel LA NACION

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