
El fenómeno de Margarita ya no se siente igual. Cuando la serie de Cris Morena estrenó su primera temporada, el regreso de la creadora a la ficción juvenil después de una década generó un entusiasmo inmediato. Había expectativa, nostalgia y curiosidad. Se trataba nada menos que del spin-off de un éxito de la magnitud de Floricienta.
Pero algo cambió en la segunda entrega. Aunque conserva una base de fanáticos fieles, el fenómeno dejó de instalarse en el centro de la conversación popular.
La nueva temporada de Margarita -por HBO Max- retomó la historia con más ambición narrativa. Margarita, interpretada por Mora Bianchi, y Federico, el personaje de Franco Yan, emprenden una búsqueda para encontrar a su hermano Andrés y recuperar la identidad que les fue arrebatada.
En paralelo, deben escapar de Delfina, el personaje de Isabel Macedo, que sigue decidida a quedarse con toda la herencia familiar. Todo esto mientras la historia suma conspiraciones, tensiones políticas y secretos cada vez más oscuros.
Ahí aparece una de las primeras claves para entender por qué la serie ya no genera el mismo énfasis en el boca a boca. En la primera temporada, el atractivo principal estaba puesto en el reencuentro emocional con el universo de Floricienta. Había una estética cargada de nostalgia. La audiencia se acercaba para volver a sentir algo conocido. Ahora, en cambio, la ficción empezó a construir un camino propio y se alejó de aquel tono de cuento de hadas.
Con el crecimiento de los personajes, Margarita fue dejando atrás las “haditas”, los bailes luminosos y el espíritu inocente para acercarse más al universo de Casi Ángeles. La trama se volvió más oscura y también más compleja. Hay identidades cruzadas, secuestros, intentos de asesinato y conflictos entre países ficticios.
El sello melodramático de Cris Morena sigue intacto, pero el tono cambió. Y ese giro, aunque atrapante para el fandom más duro, quizás hizo que parte del público casual perdiera interés.
También se modificó el contexto. Cuando salió la primera temporada, el regreso de Cris Morena era un acontecimiento en sí mismo. Después de diez años sin ficción juvenil propia desde el final de Aliados, había una sensación de evento colectivo. Esta vez, en cambio, la novedad ya no existe. La serie dejó de ser “el regreso” para convertirse simplemente en una continuación.
Eso no significa que haya fracasado. Los clubes de fans siguen muy activos en redes sociales y cada lunes, día en que HBO Max libera cinco episodios nuevos, aparecen teorías, edits (compilados) y debates entre seguidores. Pero el fenómeno parece haberse encapsulado. Ya no se escucha hablar de la serie en todos lados ni domina las conversaciones como sí ocurrió con la primera entrega.
Sus primeras semanas en plataforma pasaron relativamente desapercibidas fuera de ese núcleo duro de espectadores. Tampoco ayudó la falta de una emisión en televisión abierta, algo que todavía no fue confirmado por Telefe y que en la primera temporada había ampliado el alcance.
Aún así, los números de la plataforma acompañan. Hoy, Margarita 2 se mantiene como la segunda serie más vista en Argentina dentro de HBO Max, solo detrás de la tercera temporada de Euphoria, otra ficción que también perdió parte del impacto que supo tener en sus comienzos.
Con veinte episodios ya disponibles y una tercera temporada grabada junto con la segunda, todavía queda margen para que la historia vuelva a crecer. La pregunta es si podrá recuperar esa capacidad de convertirse en conversación masiva o si quedará definitivamente como un fenómeno fuerte, pero de nicho.

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