Marcelo es actor. Horacio, representante de artistas. Un día, hace unos años, charlaron la posibilidad de hacer juntos una obra de teatro: uno dirigiendo y el otro produciendo. Pero cuando Marcelo Melingo y Horacio David salieron a buscar sala para estrenar, no encontraron lo que buscaban. Y cuando apareció, no sólo apareció un teatro donde estrenar una obra, sino un espacio para programar y producir varios espectáculos. Así comenzó esta sociedad, que el año pasado fundó el Teatro Armenia (Armenia 1366), pero que antes se ocupó de la gestión de producción del teatro Caras y Caretas.
Entre el ayer y el hoy. Entre la añoranza y el futuro. Entre la tradición y la modernidad. Entre la representación de actores, la actuación y la producción. Asumiendo riesgos y enfrentando desafíos. Así están hoy Marcelo Melingo y Horacio David. Tienen oficio. Conocen el rubro. Saben lo que hacen. Tienen experiencia; pero al mismo tiempo, contagian los miedos y el entusiasmo de quien se enfrenta a lo nuevo, de quien todavía está descubriendo un mundo. Son una productora sin nombre. “Somos nosotros, con nuestros propios nombres”, dicen.
Cuatrocientas veinte butacas. Una platea vistosa, que luce asientos de un rojo vivo, en pendiente, que permite “que se vea bien de todas partes”. Un teatro accesible, por el valor de las entradas, y porque tiene ascensor para llegar hasta el quinto piso donde se ubica la sala (y un elevador para los escalones de ingreso). “Hacemos teatro popular -asegura Melingo-, porque es económico y de buena calidad; si es posible, de autor nacional”, agrega sobre la gestión que actualmente realizan en el Teatro Armenia, una nueva sala en el barrio de Palermo.
Crisis son oportunidades. A veces, oportunidades que no fueron buscadas, pero que se agradece que se hayan presentado. Después de cinco años al frente del teatro Caras y Caretas, esa etapa concluyó; no porque quisieran, sino porque sucedió. Y casi sin tiempo para pensar cómo seguir, apareció el Teatro Armenia. Lo que hasta hace un tiempo fue un teatro de la comunidad armenia, ahora es un espacio abierto a toda la comunidad teatral.
Horacio trabajó durante muchos años en la agencia de Alejandro Vannelli que representa artistas; entre ellos, a Marcelo. Pero después de 35 años representando actores, Horacio se inclinó hacia la producción; y Marcelo, después de toda una vida actuando, también.
En el 2018 asumieron en Caras y Caretas. “Era una sala ociosa”, dice Horacio. “Una sala que era un auditorio universitario y le dimos mecanismo teatral”, resume. Llegaron ahí, buscando sala para estrenar una obra y terminaron programando el teatro. Así fueron apareciendo manos amigas y solidarias que acompañaron la construcción de ese espacio, como Mauricio Kartun, Norman Briski y Pedro Saborido, entre otros.
En la sala. Marcelo Melingo y Horacio David, entre las butacas del Teatro Armenia, que tiene 420 butacas. Foto: Matías Martin CampayaAtravesaron la pandemia, inventando recursos para sobrevivir -más bien, para que el teatro sobreviviera-, y continuaron al frente de Caras y Caretas hasta el 2024. “Por un problema financiero serio que hubo, nosotros empezamos a salir de ahí”, dice Horacio. Y entraron al Teatro Armenia. “Tenemos programación producida por nosotros y estamos recibiendo nuevas propuestas”, cuentan. “Estamos produciéndole su tercer Shakespeare a Gabriel Chamé Buendia, Cimbelino, que la estrenará en este teatro en octubre”, dan la primicia. También producirán un espectáculo de danza, con Pablo Rotemberg y Mariana Cinat. Siempre con entradas entre los 20.000 y 25.000 pesos.
Con qué comenzaron
Empezaron el año pasado con La fragilidad de las casas, de Victoria Almeida, que este año también está en cartel. “Es una obra muy artesanal, tiene mucho contenido, tiene acrobacia, música en vivo, video…”, cuenta Melingo. Y este año sumaron Prohibido matarse, de Tomás Masariche -el mismo autor y director de Breve enciclopedia sobre la amistad, que se presentó en esa sala el año pasado-, “que representa una corriente de teatro bastante joven y nueva, que a nosotros nos interesa”, afirma Melingo.
Están trabajando permanentemente; no sólo programando espectáculos, sino adaptando el espacio a las necesidades técnicas de las obras que se estrenan. Y dando lugar a diversas propuestas. El teatro ya se ha convertido en un aula magna, donde destacadas figuras del teatro han impartido sus conocimientos.
De las clases magistrales de Mauricio Kartun, a las nuevas generaciones de teatristas, el amplio abanico se despliega, por ahora, con pocas propuestas, pero con la pretensión de consolidar una estética propia para el Teatro Armenia que encuentre el equilibrio entre la tradición y la modernidad, entre las figuras de renombre y las que están emergiendo.
Aterrizaron en Palermo, casi sin pensarlo. “Cuando terminamos en Caras y Caretas, no esperábamos que terminara. Y la vida nos hizo plum y nos puso acá”, resume Marcelo. “Vinimos con mucha energía; nos trajo la inercia de seguir haciendo”, agrega Horacio.Y se sienten muy bien acompañados por la Asociación Cultural Armenia que los alberga, donde Marcelo también da clases de teatro.
“Si los actores no hacen teatro, no pueden laburar. Es una gran desazón, pero por otro lado, cuando hay obstáculos, el arte se fortalece”, expresa Marcelo, sobre todo en referencia a la falta de ficción. “La cantidad de novelas en las que yo laburé…”, añora el actor. “Tenemos el condicionamiento del mundial de fútbol”, agrega Horacio, hablando de obstáculos para el teatro… “No podemos programar un estreno en junio… Así que seguimos con lo que tenemos”, afirma. Y prevén ciclos para septiembre.
Marcelo Melingo tiene un amplio recorrido como actor. Entre sus últimos trabajos está el filme “Homo Argentum” y la srie “El encargado 4”, ambos con Guillermo Francella. Foto: Matías Martin Campaya“Yo no tenía actividad política, pero limpiaron todo”, cuenta Horacio. En 1976 se anotó en la Facultad de Ciencias Económicas, en la UBA. “En marzo fue el golpe militar y me echaron, empezó la represión”, repasa. Fue entonces que se enfocó en otro camino. “Fui sonidista e iluminador. De hecho en Teatro Abierto 82 lo conocí a Kartun, en el Margarita Xirgu”, recuerda. “Fue un cambio en mi vida”, asegura.
“Trabajé con Celeste Carballo, con Pappo… A Los Redonditos de Ricota les hice un show para 300 personas, cuando recién empezaban. Los 80’ fueron increíbles”, expresa con nostalgia y afecto por esa época. Hasta que se dedicó exclusivamente a la representación de artistas y “dejé de hacer noche”.
Marcelo fue, es y seguirá siendo actor. También director y docente, y ahora, productor; trabajó tanto en teatro independiente como en producciones comerciales. En televisión, participó en numerosas series y unitarios, entre ellas, en Rebelde Way y Entre caníbales. En el 2023 fue coprotagonista de Destino pasional, una película que se realizó en coproducción con una cadena filipina y que se filmó en playas asiáticas.
El presente no los alejó de lo que siempre hicieron. Melingo acaba de participar de El encargado 4; y también integró el elenco de la película Homo Argentum. David lleva adelante una campaña publicitaria con Natalia Oreiro en Uruguay. Eso hacen cada uno por su cuenta; pero la apuesta fuerte que los une es un nuevo teatro en Palermo, que pretende tener identidad propia y ser un espacio convocante en un barrio donde la gastronomía ganó protagonismo, pero en el que los teatristas empiezan a sentirse convocados. “Es una plaza para conquistar”, dicen mientras se lanzan a la aventura.
Horacio David es representante de actores, pero confía en que el Teatro Armenia será un buen espacio para artistas consagrados y también para emergentes. Foto: Matías Martin Campaya Asociación Cultural Armenia
Es un edificio que reúne diversas propuestas y se erige en pleno Palermo Soho.
Entre restaurantes y bares, entre locales de ropa y mueblerías, entre porteños y turistas, entre colegios y clubes, frente a la Catedral de la Iglesia Apostólica Armenia, en Armenia 1366 está la Asociación Cultural Armenia, donde se encuentra el teatro.
El Teatro Armenia funciona en el quinto piso. En el cuarto, hay una confitería donde se puede tomar algo antes de los espectáculos. En el primer piso hay un restaurante autóctono y en el subsuelo la famosa milonga La Viruta Tango Club. Todo en un mismo lugar.

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