Matemáticas para humanos: el insólito desafío teatral de un heredero de Les Luthiers

Hacer un espectáculo inteligente. ¿A quién se le ocurre? Y por si esto fuera poco, que la obra de teatro sea sobre las matemáticas. Este intento de demostrar que pensar puede ser un placer podría llamarse cómo ser Teo López Puccio y no morir en el intento.

En el escenario, un muchacho con aspecto de geniecillo y un humor elegante que tiene un enorme porqué: el flaco con músculos a lo Fito Páez es -de pie-, hijo del por siempre Les Luthiers Carlos López Puccio.

Problema 1 se llama el unipersonal. Tiza, pizarrón y a trabajar unas líneas de conexión entre sucesos que parecen hacerle bullying a las cuatro operaciones básicas. “Yo tenía muchas ganas de contagiar mi entusiasmo por las matemáticas, pero el desafío más grande era que no fuera una clase y que no se presentara estéticamente como eso”.

-Y eso es difícil. El mensaje que quiero llevar es algo de la belleza del pensamiento y de la ciencia. Es cierto que me crié viendo a mi viejo con ese trabajo tan raro y espectacular que era Les Luthiers, que no sólo era teatro y no sólo era música ni un chiste así nomás, sino que había un todo que era más que la suma de las partes.

Teo López Puccio dice que cuando se recibió de matemático quiso explicar en videos por qué la ciencia le parecía tan apasionante. Lo hizo y después se dio cuenta de que la mejor manera de seguirla era armando un espectáculo. Y la duda: ¿cómo convencer al público de que esto no es una charla TED?

Aquí todo está perfectamente organizado. Hay un orden geométrico. Mirás al público y te das cuenta de que casi todos fueron escoltas o abanderados. Los que se la llevaron a marzo también se ubican entre las butacas, como en penitencia, haciendo el papel de señores resilientes que tratan de comprender. Debe ser el espectáculo teatral más exigente de toda la cartelera porteña.

Lopecito es un muchacho muy simpático. Mirada de animé estilo Ale Sergi. Asombro, ojos grandes, cejas mandadas hacia arriba. “La divulgación científica es casi tan importante como los científicos -nos dice-. Es el nexo entre los expertos y la gente. Lo que hace la divulgación es culturizar. Los países muy desarrollados son los que mejor divulgación científica tienen. No es casualidad. Acá se cuentan con los dedos de una mano”.

El declive de la educación local se entrelaza con el advenimiento de la IA. ¿Y entonces? “La herramienta está buenísima, pero no me apasiona. Ahora mismo, ChatGPT es una especie de tercerización del pensamiento humano. Si lo usás como lo usamos, evitás la dificultad. Eso no sirve. Así no se aprende. En principio, me da la sensación de que los humanos todavía seguimos siendo necesarios porque la IA fue hecha para nosotros. En la obra yo propongo confundirse y hacerse preguntas antes que responder y entender”.

-¿Cuál sería tu público?

-Es una buena pregunta cuál es mi público. No lo tengo del todo claro. Quiero que la obra sea para un público bien amplio. Aspiro llegar a las personas que dicen que la matemática no les gusta. En Instagram el público se fue ampliando mucho. Entre 500 mil seguidores uno no puede saber cuántos se engancharon porque ya les gustaba la matemática y cuántos porque se dieron cuenta de que podía gustarle. Sí sé que tengo mucha gente joven y eso me parece genial: mostrar algo relacionado a un pensamiento abstracto es algo que puede modificarte. A mí me sucedió.

El grado de exigencia de este hombrecito se compensa con una gracia elaborada. Probablemente, papá haya hecho su feliz aporte a la causa (perdida) de un hijo prodigio que bien podría crear una bomba atómica como hacer una remake de Beetlejuice.

Desde algún parlante celestial aparecerá la voz de Adrián Paenza, el periodista que un día dejó Fútbol de Primera y nos invitó a sumergirnos en el oxímoron de la “matemática recreativa”. Paenza fue elegido el mejor divulgador del mundo en la materia y por supuesto que, como referente, apoya esta movida que apenas reconoce discípulos.

-Qué loco que trabajar para el mundo de las ideas sea trabajar para un nicho.

-No debería ser un nicho, pero lo es. La cultura que yo entiendo, y en la que fui educado, es que las cosas tienen que interesarte. Yo no sé de todo, y no tengo el mandato de que todo me guste. Pero sí está bueno que sea más o menos normal que alguien entienda que las matemáticas pueden tener un lado lindo. Por eso la obra se pone metafísica y hasta filosófica.

(PROBLEMA 1 está todos los martes a las 20. Desde junio suma los domingos a las 18. Teatro El Picadero. Entradas desde $40.000)

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