Una inundación no es el fin del mundo, pero nunca deja de ser una catástrofe. Y las imágenes que deja se parecen mucho a las de tanta ficción distópica que anda dando vueltas: el mundo, recuperado por la inmemorial potencia de lo agreste, y algún vestigio –¿triste, solitario y final?– de lo que supo ser la potencia humana. Así luce este poste de luz, entre las aguas desbordadas del río Duero, en la localidad española de San Esteban de Gormaz, Soria. No se trata, desde ya, del paisaje que aventuró J.G. Ballard en El mundo sumergido; nuestra realidad no cambió tanto y sabemos que las aguas, más tarde o más temprano, regresan al cauce. Pero la inquietud es cada vez mayor. Tanto como la sospecha de que hoy son nuestros los ojos de pesadilla con los que muchos, ya en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, comenzaron a mirar el futuro.
Una inundación no es el fin del mundo, pero nunca deja de ser una catástrofe. Y las imágenes que deja se parecen mucho a las de tanta ficción distópica que anda dando vueltas: el mundo, recuperado por la inmemorial potencia de lo agreste, y algún vestigio –¿triste, solitario y final?– de lo que supo ser la potencia humana. Así luce este poste de luz, entre las aguas desbordadas del río Duero, en la localidad española de San Esteban de Gormaz, Soria. No se trata, desde ya, del paisaje que aventuró J.G. Ballard en El mundo sumergido; nuestra realidad no cambió tanto y sabemos que las aguas, más tarde o más temprano, regresan al cauce. Pero la inquietud es cada vez mayor. Tanto como la sospecha de que hoy son nuestros los ojos de pesadilla con los que muchos, ya en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, comenzaron a mirar el futuro. LA NACION

MAS NOTICIAS
Cuál es el pozo del Quini 6 para el sorteo de este domingo 26 de julio
Milei en la Rural: expectativa del campo por los anuncios del Presidente sobre las retenciones
Es oficial en Texas: Rowlett instala la primera caja del condado de Dallas para la entrega anónima de bebés