“La longevidad no empieza cuando cumplimos 60 años. Empieza mucho antes, y una de sus bases es mantener una boca sana”.
El doctor Jorge Escobar, especialista en odontología biológica e integrativa y fundador de Meridian Biohealth, explica en La Vanguardia que la boca puede ser un espejo de la salud general de las personas. Es más, en ocasiones, los primeros signos de una mala salud aparecen en los tejidos orales antes de que el paciente sea consciente de que tiene un problema.
“Podemos gastar dinero en suplementos, ejercicio, tratamientos de longevidad y tecnología para vivir más y mejor, pero si estamos manteniendo una infección crónica o un proceso inflamatorio en nuestra boca, estamos descuidando una parte fundamental de nuestra salud”, sentencia.
En este contexto, comparte los errores más comunes y sus recomendaciones.
Cuál es la relación entre la salud bucodental y la longevidad
-¿El estado de nuestra boca puede influir en cómo envejecemos?
-La relación entre la salud bucodental y la longevidad es mucho más importante de lo que tradicionalmente hemos pensado. Durante años, la odontología se ha centrado en conservar dientes, tratar caries o reponer piezas perdidas, pero ahora sabemos que la boca está conectada con el resto del organismo y que su estado puede influir en nuestra salud general.
Jorge Escobar, odontólogo, da consejos para la salud bucal. Foto: Cedida/La Vanguardia.
-¿Con qué enfermedades se relaciona una mala salud bucodental?
-La enfermedad periodontal, que es una patología inflamatoria crónica, puede favorecer la liberación de mediadores inflamatorios y la entrada de bacterias y sus productos en la circulación sanguínea. Existe evidencia científica de su asociación con enfermedades cardiovasculares, diabetes, Alzheimer e incluso diversos tipos de cáncer.
-¿Qué señales de envejecimiento pueden manifestarse en la boca?
-Algunas señales son el sangrado de encías, la sequedad bucal, la retracción gingival, la pérdida de hueso, la movilidad dental, las aftas recurrentes y la cicatrización deficiente. Por otro lado, debemos prestar atención a la lengua, al estado de las mucosas y a cambios persistentes en el aliento.
-¿Y qué problemas bucales no deberían atribuirse necesariamente a la vejez?
-Perder dientes no debería considerarse una consecuencia inevitable de cumplir años. La función masticatoria influye en la alimentación y en la calidad de vida, y se investiga también su relación con la salud cognitiva. Mi recomendación es no normalizar ningún signo de inflamación o deterioro bucal como algo propio de la edad.
-¿Cuál es el error más común que cometemos cada día con nuestra boca y que podría estar perjudicando nuestra salud a largo plazo?
-Creo que el error más frecuente es pensar que, si no sentimos dolor, nuestra boca está sana. Hay muchas infecciones crónicas ocultas, especialmente en dientes tratados con endodoncia, que afectan directamente tu salud general y tu sistema inmune.
La enfermedad periodontal es un ejemplo perfecto. Puede avanzar durante años de manera silenciosa, destruyendo progresivamente el hueso que sostiene los dientes, sin provocar dolor en sus primeras fases.
Y otro error, todavía más importante, es acudir al dentista únicamente cuando aparece un problema. La odontología debería ser, ante todo, preventiva.
La relación entre la salud bucodental y la longevidad es muy importante. Foto Shutterstock
Cuál es la relación entre el estrés y la salud bucodental
-¿Cómo afecta el estrés a la salud bucodental?
-El estrés crónico tiene un impacto directo sobre nuestra biología y, por tanto, también sobre nuestra salud oral. No debemos olvidar que la boca está estrechamente conectada con el sistema nervioso, endocrino e inmunológico.
Por eso, cuando vivimos sometidos a estrés de manera continuada, se producen alteraciones en la regulación del cortisol y de la respuesta inmunitaria. Esto puede modificar la capacidad del organismo para controlar la inflamación y favorecer la progresión de enfermedades periodontales.
Además del bruxismo, podemos encontrar mayor susceptibilidad a la inflamación gingival, sequedad bucal, alteraciones de la microbiota, aftas recurrentes y una peor capacidad de recuperación de los tejidos.
Y hay que añadir algo importante: el estrés puede generar un círculo vicioso. La inflamación afecta al bienestar general, el descanso empeora y el organismo pierde parte de su capacidad de regulación.
Cuáles son los hábitos diarios que pueden perjudicar la salud
-¿Qué hábitos cotidianos pueden perjudicar nuestra salud oral a largo plazo?
-Por ejemplo, tomar café. No considero que tomar café sea perjudicial por sí mismo. De hecho, existen investigaciones sobre sus posibles propiedades antioxidantes. Sin embargo, consumirlo continuamente, especialmente con azúcar, puede favorecer problemas dentales.
También puede contribuir a las tinciones externas de los dientes y, dependiendo de los hábitos de consumo y de la sensibilidad individual, a problemas de erosión. Es preferible tomarlo sin azúcar, evitar estar sorbiéndolo durante horas y acompañarlo de agua.
Masticar chicle sin azúcar puede ser útil después de las comidas porque estimula la producción de saliva, que ayuda a neutralizar los ácidos y proteger los dientes. Sin embargo, masticarlo constantemente puede sobrecargar la musculatura y la articulación temporomandibular, especialmente en personas con bruxismo o dolor mandibular.
Respirar por la boca es uno de los hábitos a los que más atención deberíamos prestar. La respiración oral favorece la sequedad de los tejidos, reduce el efecto protector de la saliva y puede aumentar el riesgo de caries, inflamación gingival y halitosis. También puede ser una señal de obstrucción nasal o de trastornos respiratorios del sueño.
Y hay otros hábitos que debemos vigilar, como picar constantemente entre horas, consumir bebidas energéticas, utilizar colutorios agresivos sin indicación profesional o cepillarnos inmediatamente después de ingerir alimentos muy ácidos.
Cepillarse los dientes al menos dos veces es un hábito necesario. Foto Shutterstock
-¿Qué papel desempeñan la alimentación, el sueño y la hidratación en la salud bucodental?
-La alimentación influye directamente en la microbiota oral, la inflamación y la capacidad de regeneración de los tejidos. Una dieta rica en alimentos frescos, proteínas de calidad, vegetales, minerales y micronutrientes contribuye a mantener los tejidos en buenas condiciones.
Por el contrario, el exceso de azúcares y de alimentos ultraprocesados favorece la aparición de caries y puede contribuir a un entorno metabólico proinflamatorio.
La hidratación es fundamental para mantener una producción adecuada de saliva. La saliva no solo lubrica la boca, también neutraliza ácidos, ayuda a controlar la actividad bacteriana y protege el esmalte dental. Cuando existe sequedad bucal, aumenta el riesgo de caries, infecciones y dificultades para masticar o tragar.
-¿Y el sueño?
-El sueño es esencial para la reparación y regulación inmunológica. Dormir mal de manera crónica puede afectar a la respuesta inflamatoria y se ha observado una asociación entre determinados trastornos del sueño y una mayor prevalencia de enfermedad periodontal. Además, debemos prestar atención a la apnea obstructiva del sueño, la respiración oral nocturna y el bruxismo.
-¿Qué hábitos cotidianos pueden ayudar a prevenir problemas a largo plazo?
Hay cinco hábitos fundamentales. Primero, cepillarse los dientes al menos dos veces al día con una técnica adecuada y pasta dental sin flúor y sin olvidar la higiene interdental. También mantener una alimentación equilibrada, reduciendo especialmente el consumo frecuente de azúcares y bebidas ácidas.
Luego, respirar por la nariz y corregir, cuando sea posible, los problemas de respiración oral. Seguimos con dormir bien y controlar factores como el estrés y el bruxismo. Y, por último, realizar revisiones odontológicas periódicas que permitan detectar inflamación periodontal, infecciones y otros problemas antes de que avancen.
Anna Rodríguez Hurtado, La Vanguardia
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