Dwight D. Eisenhower pronunció una de sus frases más recordadas el 31 de enero de 1958, durante un discurso ante el Comité Nacional Republicano de Estados Unidos. “Lo que cuenta no es necesariamente el tamaño del perro en la pelea, sino el tamaño de la pelea en el perro”, dijo el entonces presidente.

Aquella expresión resumía una idea central de su trayectoria: la capacidad de enfrentar un desafío no depende únicamente de la fuerza o el tamaño, sino también de la determinación.

La frase suele atribuirse erróneamente a Mark Twain, pero pertenece a Eisenhower. Su historia militar ayuda a entender el sentido de esas palabras. Pese a no haber participado en combates durante la Primera Guerra Mundial, llegó a dirigir una de las operaciones militares más importantes del siglo XX: la invasión aliada de Normandía, el 6 de junio de 1944, conocida como el Día D.

De la falta de experiencia en combate al mando de la invasión de Normandía

Cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial, Eisenhower era general de brigada y trabajaba en el Estado Mayor en Washington. Su falta de experiencia directa en combate generaba reparos en el jefe del Estado Mayor del Ejército, George C. Marshall, que dudaba en asignarle un mando operativo.

Sin embargo, Marshall reconocía sus capacidades administrativas y de planificación. Le encargó tareas vinculadas con Filipinas y el Lejano Oriente, una responsabilidad que marcó el comienzo de su rápido ascenso. Más tarde, el presidente Franklin D. Roosevelt lo designó comandante supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada y le confió la ejecución de la Operación Overlord.

Dirigió una de las operaciones militares más importantes del siglo XX. Foto: Casa Blanca

La preparación del desembarco exigió meses de entrenamiento, coordinación y engaños para confundir a Adolf Hitler sobre el lugar del ataque. La Operación Fortitude, una campaña de desinformación, buscó convencer a los alemanes de que la invasión se produciría en el paso de Calais y no en Normandía.

Eisenhower también debió afrontar un problema de seguridad. El general Henry J. F. Miller estuvo a punto de comprometer el secreto de la operación al hablar sobre información confidencial durante una cena en Londres. Ike ordenó retirarle su rango temporal de mayor general, degradarlo a teniente coronel, relevarlo del mando y enviarlo de regreso a Estados Unidos.

Las lecciones que ayudaron a decidir el Día D

Para planificar la invasión, Eisenhower estudió operaciones anteriores que habían expuesto los riesgos de los desembarcos anfibios y los ataques aerotransportados. Entre ellas estaba el desembarco aliado en Dieppe, Francia, en agosto de 1942, que terminó en un desastre para las fuerzas invasoras.

También analizó la invasión alemana de Creta, en 1941, que logró conquistar la isla, pero a costa de numerosas bajas entre los paracaidistas alemanes.

El clima fue otro factor decisivo. Ante los reiterados retrasos, Eisenhower tuvo que confiar en el pronóstico del capitán de grupo de la Real Fuerza Aérea británica James Martin Stagg, quien anticipó una ventana de buen tiempo para el 6 de junio. La decisión implicaba un riesgo, pero el comandante resolvió avanzar.

El presidente Franklin D. Roosevelt le confió la ejecución de la Operación Overlord.

La operación tuvo éxito y abrió el camino para la liberación de Europa occidental. Diez meses después, los aliados celebraron la victoria en Europa.

La frase de Eisenhower, pronunciada casi 14 años después del desembarco, quedó asociada a una carrera en la que la planificación, la disciplina y la capacidad de decidir bajo presión fueron determinantes.