Un ojo puede ver muchas cosas en los dibujos de Catalina Chervin. Hay paisajes, hay cielos, hay acantilados; hay pequeñas y atribuladas criaturas que se enciman unas sobre otras, con desesperación de autómatas; hay cuerpos, o fragmentos de cuerpos: osamentas, pieles, tripas. Hay desolación y angustia. Pero cada una de esas figuras, o esas sensaciones, que van y vienen entre el papel y la retina durante el tiempo de la contemplación, es alcanzada por la luz. Como un rayo de sol que se abre, sutil y obstinadamente, en un cielo plomizo.
Catalina Chervin. La realidad está en los detalles, con curaduría María José Herrera en ODA. Foto: gentileza.
Sus dibujos, y también sus grabados (que, siendo tan distintos, reclaman absolutamente su autoría), son el soporte de una materia hecha de vacíos, a la manera de los artistas orientales que componen lo que está a partir de lo que falta. Quizás por eso, el título que lleva su actual muestra en la galería ODA pone el énfasis en dos cuestiones que, de arranque y vistas superficialmente, podrían ser opuestas (pero no lo son).
La realidad está en los detalles da cuenta de una vida dedicada a trabajar en las obras, resonando con la adversidad. Y no solo resonando, sino usando la propia sensibilidad artística, esa intuición tan imposible de poner en palabras, como un tamiz que filtre los dolores, los metabolice y los vuelva a poner en el mundo cual estrellas danzantes, al decir de Nietzsche, para conmover.
Catalina Chervin. La realidad está en los detalles, con curaduría María José Herrera en ODA. Foto: gentileza.
“Dar cuenta de los desasosiegos del presente, develar el cuerpo, la realidad, desde la piel hacia adentro, es la marca de su obra que cita estados individuales de la mente y de una humanidad global atravesada por conflictos y heridas imborrables”, escribe la curadora María José Herrera en el texto que acompaña la muestra.
Estilógrafo en mano
Entre todas esas pequeñísimas figuras que la artista, estilógrafo en mano, va tramando en la superficie de papel, anida también una profunda soledad. La soledad del exiliado, la del extranjero; la de una artista, mujer y madre sola, que se abrió camino con la misma sutileza obstinada de la luz de sus dibujos: Catalina vive desde hace más de treinta años entre Buenos Aires y Nueva York, ciudad que le dio el cobijo que, a veces, el propio hogar nos escatima.
En las salas de ODA conviven ahora una veintena de obras, algunas más recientes y otras que ya cuentan algunas décadas. La impronta de las tramas de Chervin, que de lejos parecen manchones, contrasta de modo feliz con las líneas simples de la arquitectura del espacio.
La coherencia de la obra, que recientemente le valió a la artista el Premio Nacional a la Trayectoria Artística otorgado por el Salón, permitió a su curadora desarmar las series, un ejercicio que devuelve una genuina autonomía a cada pieza y potencia el recorrido de la mirada.
Solo la serie Piel descartada se presenta toda junta. Realizada después de la muerte de su madre, las obras que la integran son una de las pocas excepciones dentro de la lógica cromática de blancos, negros y grises en que habitualmente se mueve esta artista. Al grafito y la tinta se suma, en esta oportunidad, la nogalina o aceite de nuez, un antiguo y olvidado tinte que Chervin rescata para hacer drenar desgarradoramente. Así compone sus jirones de pieles desolladas.
Catalina Chervin. La realidad está en los detalles, con curaduría María José Herrera en ODA. Foto: gentileza.
Ausencia del color
Habitado por infinitos grises, por la transparencia de las gasas y las sedas, por la porosidad de los fragmentos de grabados vueltos a pegar debajo de un dibujo, no se siente en este universo, sin embargo, la ausencia del color.
Vuelve, además, inesperadamente, en la última experimentación de la artista: dos esculturas hechas en resina y suspendidas en el espacio de la sala, su más reciente intento por hacer que la materia del dibujo salte a la tercera dimensión y se erija, de una vez, como esa criatura viva que intuimos.
Catalina Chervin. La realidad está en los detalles, con curaduría María José Herrera en ODA. Foto: gentileza.
“Mis dibujos también son trazos cortados, papeles rotos, con rajaduras, con lastimaduras, con líneas sutiles que gritan desde las profundidades de la historia misma, de mi propia historia”, expresa la artista. De esas profundidades en las que se deja caer el ojo, nos rescata una y otra vez el grafismo de la artista, su inmenso séquito de pequeños seres. Dibujados (¿o escritos?) con el automatismo y la devoción de una plegaria.
Catalina Chervin. La realidad está en los detalles, con curaduría María José Herrera en ODA (Paraná 759 piso 1).
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