Nathan Owens, de 34 años, fue condenado a cadena perpetua con un mínimo de 35 años antes de poder solicitar libertad condicional por el asesinato de Carla Georgescu, de 19 años, estudiante de Psicología Clínica en la Universidad de Lancashire, en Preston, Inglaterra.

Según informó el medio británico Daily Mail, el fallo fue dictado este jueves por el juez Jacobs en el Tribunal de la Corona de Preston, tras un juicio de tres semanas que dejó al descubierto una obsesión sexual sistemática y premeditada.

"No has demostrado ningún remordimiento por lo que hiciste. Llevaste la culpabilización de la víctima al extremo al sugerir que se había quitado la vida. Su madre tuvo que venir a declarar. Eso demuestra lo despreciable que sos", señaló el magistrado al condenar a Owens.

Una trampa tendida en la madrugada

En la madrugada del 4 de febrero, Owens le envió un mensaje de Instagram a Carla desde Hartlepool, donde vivían juntos con la madre de ella, Janina. Le dijo que la madre había olvidado su cartera en la residencia y que iban a pasar a buscarla antes de que ella viajara a Rumania.

Fue condenado a cadena perpetua por el asesinato de Carla Georgescu, tras un juicio de tres semanas. Foto: Policía de Lancashire.

Era una mentira. Janina estaba dormida en la misma casa, sin saber nada.

Carla le creyó. Cuando Owens llegó al edificio Ribble Hall pasadas las 4 de la mañana, con una manta sobre la cabeza para ocultar su identidad, ella misma le abrió la puerta.

Las cámaras de seguridad la registran por última vez con vida en ese momento.

Owens subió a su habitación, la agredió sexualmente, la estranguló y mató. Luego escenificó la habitación para simular que se había quitado la vida, con el cuerpo de Carla recostado contra la puerta de un armario y un cinturón alrededor del cuello.

Al abandonar el edificio, Owens llevaba puestas las zapatillas de Carla, usaba un tapabocas y se cubría con su paraguas. Se fue por una ruta diferente, cargando bolsas con evidencia.

El sistema de GPS de su auto, un Ford Puma, registró cada parada del trayecto de regreso a Hartlepool, incluyendo una detención en la banquina de la autopista M6. En esos puntos, la policía encontró más tarde el teléfono de Carla, su ropa de cama ensangrentada y una remera con manchas de sangre.

Al llegar a su casa esa misma mañana, Owens no le dijo nada a Janina. Horas después, los captaron en cámara comprando tranquilamente en un supermercado Asda, tomados de la mano.

Mientras tanto, Carla permanecía sin ser encontrada.

La encontraron el día de su cumpleaños

El jueves 5 de febrero —el día en que Carla cumplía 20 años— su madre llamó a la policía al no tener noticias de ella. El personal de seguridad de la universidad realizó un control y encontró el cuerpo.

En principio, la muerte fue catalogada como suicidio. Pero algo no cerraba.

La autopsia determinó que Carla había sufrido al menos dos golpes fuertes en la cabeza, heridas en la mejilla producidas por un objeto cortante, múltiples lesiones y evidencia de abuso sexual. La causa de muerte fue estrangulamiento. Ninguna de sus heridas podía ser autoinfligida.

"Los últimos 90 minutos de la vida de Carla son demasiado horrorosos para pensar en ellos", expresó el juez Jacobs durante la sentencia. "Es claro que intentó resistir y que era consciente de lo que le estaba pasando".

Cuando los investigadores revisaron los dispositivos de Owens tras ser detenido, encontraron material perturbador acumulado durante más de un año: fotos tomadas en secreto de Carla en la casa familiar, imágenes de partes de su cuerpo, videos en los que él mismo protagonizaba actos sexuales con lo que la fiscalía describió como una "efigie" de tamaño natural de la víctima, a la que había vestido con su ropa de noche.

También había intervenido digitalmente una foto de Carla de cuando era niña, antes de conocerla, para transformarla en una imagen de abuso infantil.

El fiscal Nicholas Lumley planteó ante el tribunal que Owens viajó a Preston con la intención de "satisfacer sus necesidades sexuales, pasara lo que pasara", y que la mató cuando ella se negó.

El inspector Pete Macdonald, de la Unidad de Investigación de Crímenes Graves de la Policía de Lancashire, resumió la lógica del crimen: "Creía que si no podía tenerla, nadie podía. Sabía que Carla avanzaba con su vida, que viajaba a conocer a su novio, y fue hasta su residencia, un lugar donde ella debería haberse sentido segura, para asaltarla brutalmente y matarla".

Sin remordimiento en ningún momento

Durante las tres semanas de juicio, Owens se negó a declarar y permaneció en silencio durante los interrogatorios policiales. Desde el banquillo, se lo vio sonreír y reírse mientras se leían los detalles del crimen.

Cuando el jurado lo declaró culpable —alcanzado por unanimidad en poco más de tres horas— Owens volvió a reírse en voz baja.

Jennifer Louise Kirkham, de 19 años, compañera de cuarto de Carla, estuvo presente en varias jornadas del juicio. "Cada vez que lo miraba estaba sonriendo o parecía aburrido", declaró. "Se supone que tenía que cuidarla. Asumió el rol de padre y no lo fue, porque por alguna razón enferma y retorcida, sus deseos valían más que la vida de ella".

Carla Georgescu era hija única de Janina, había emigrado desde Rumania cuando todavía estaba en el colegio y cursaba el segundo año de su carrera. Tenía planeado viajar a su país natal al día siguiente de su muerte para conocer en persona a su novio, con quien mantenía una relación a distancia.