El domingo, al terminar el rezo del Ángelus en la Plaza San Pedro, León XIV dio una noticia que nadie esperaba: en unos controles médicos recientes le encontraron un nódulo en el pulmón y, por consejo de sus médicos, decidió que se lo saquen.

El Papa, de 71 años, quiso llevar tranquilidad y explicó que la lesión fue detectada "en una fase muy temprana" y que está bien localizada. Según el Vaticano, la operación será en los primeros días de esta semana en el Policlínico Gemelli de Roma, el hospital donde se atienden los pontífices, y la internación duraría alrededor de siete días. La noticia llega a menos de un mes de la gira que lo traerá a Uruguay, Argentina y Perú entre el 6 y el 17 de noviembre.

La palabra "nódulo" suele dar miedo apenas se escucha. Pero detrás de ella hay un mundo de situaciones muy distintas, y la mayoría no son graves. Vale la pena entender de qué se trata.

Una pequeña mancha en la imagen

Según explica Maximiliano Salim, neumonólogo, un nódulo pulmonar es, antes que nada, algo que se ve en una imagen: una pequeña mancha redondeada, rodeada de pulmón sano, que mide menos de tres centímetros. Cuando la mancha es más grande, los médicos ya no hablan de nódulo sino de masa.

Esa definición dice dónde está y cuánto mide, pero no qué es. Una mancha así puede tener muchísimos orígenes: la cicatriz de una vieja infección, como una tuberculosis que pasó sin que nadie lo notara; una inflamación; un quiste; un pequeño tumor benigno con el que la persona nació; o, en una minoría de los casos, un cáncer que está empezando.

Este es quizás el dato más importante para bajar la ansiedad. En los grandes estudios en los que se revisó a miles de personas con tomografía, se encontraron nódulos en muchísima gente, pero apenas unos tres de cada cien terminaron siendo un cáncer de pulmón. El resto eran lesiones inofensivas.

Eso no quiere decir que haya que ignorarlos. Quiere decir que cada nódulo tiene que estudiarse con calma para saber de qué lado de la balanza cae.

Uno de los aspectos que más sorprende a los pacientes es que los nódulos pulmonares no suelen dar aviso. “Son imágenes que aparecen en estudios, a veces en forma incidental”, explicó el especialista. Es decir, no hay un síntoma ni una presentación clínica característica: muchas veces se descubren en estudios hechos por otro motivo, “que por ahí ni siquiera es respiratorio”.

En la imagen se ven como una mancha redondeada, con “aspecto de moneda”, que según su tamaño puede llamarse nódulo o, si es más chica, nodulillo. Pueden ser únicos o múltiples.

Las pistas que miran los médicos

Para distinguir un nódulo inocente de uno sospechoso, los especialistas se fijan en varias señales. El tamaño es la primera: cuanto más chico, más probable es que sea benigno, y los de pocos milímetros casi nunca son malignos. La forma también habla. Un nódulo de bordes lisos, bien redondeado o con calcio adentro suele ser una lesión vieja y tranquila. En cambio, uno de bordes irregulares, como con puntas o rayos que salen hacia afuera, despierta más sospechas.

Pero la pista más reveladora es el tiempo. Un nódulo que no cambia durante dos años se considera, en general, benigno. Si aparece y desaparece en pocas semanas, lo más probable es que haya sido una inflamación o una infección. Si, en cambio, crece lentamente de un control a otro, eso hace pensar en algo que hay que sacar.

También importa cómo se ve por dentro. Algunos nódulos son compactos y otros aparecen como una sombra tenue, parecida a un vidrio empañado, a través de la cual se distinguen los vasos del pulmón. Muchas de estas sombras desaparecen solas en pocos meses porque eran inflamatorias. Las que persisten, y sobre todo las que con el tiempo van formando una parte más densa en su interior, son las que los médicos vigilan con más atención.

Los malignos presentan otras características, ya que “pueden tener forma espiculada, con invasión del tejido periférico”. Por eso, ante un nódulo, “hay que definir el origen", explica Marcela Smurra, jefa de neumonología del Sanatorio Modelo de Caseros.

El contexto del paciente es clave: si está asociado al hábito tabáquico, se lo considera de riesgo, mientras que en no fumadores las posibilidades de malignidad son menores. Cuando se trata de un nódulo único, “hay que estudiarlo”, y para eso existen distintas opciones: la endoscopia, si es posible llegar hasta la lesión; la punción guiada por tomografía, cuando su localización es periférica; o directamente la extracción quirúrgica, que ofrece una ventaja adicional, porque “si no hay otros indicadores de malignidad, podría ser ya una cirugía de tratamiento”.

Cada detalle de esa imagen aporta pistas. Los nódulos pueden tener bordes bien definidos o bordes espiculados, en los que el contorno no se distingue con claridad y aparece en forma de “pequeñas aristas o pequeñas espigas”. También pueden tener distintas densidades. Cada uno de esos datos puede dar alguna apreciación sobre su benignidad o sobre su malignidad. Entre las causas benignas hay nódulos asociados a infecciones respiratorias. En el otro extremo están los que presentan características que hacen sospechar un tumor. A esa evaluación se suma el estudio PET, en el que se administra una sustancia que viaja por el organismo hasta el nódulo. Según cuánto de esa sustancia capte, y con mayor fortaleza, los médicos pueden afinar su sospecha.

Por qué hoy se encuentran tantos

Hace algunas décadas, la herramienta para mirar el pulmón era la radiografía, que no alcanza a mostrar las lesiones más chicas. Hoy la tomografía de tórax es mucho más común, se hace por muchos motivos distintos y es capaz de ver manchas de pocos milímetros. Por eso se descubren cada vez más nódulos, muchas veces de casualidad, en estudios hechos por otra razón o en controles de rutina, como parece haber sido el caso del Papa.

Esto tiene una enorme ventaja. Un gran estudio realizado en Estados Unidos con más de cincuenta mil personas fumadoras mostró que revisar el pulmón con tomografía permite reducir en un veinte por ciento las muertes por cáncer de pulmón, justamente porque los tumores se encuentran cuando todavía son pequeños. Y el momento en que se detecta cambia todo: cuando el cáncer de pulmón se encuentra en su etapa inicial, la mayoría de los pacientes se cura.

Cuándo conviene sacarlo

No todos los nódulos se operan. A muchos simplemente se los sigue con tomografías cada algunos meses para ver si cambian. Otros se estudian con más detalle, con una biopsia o con otros estudios de imagen. La decisión se toma caso por caso, idealmente entre varios especialistas que miran juntos al paciente: el radiólogo, el neumonólogo, el oncólogo y el cirujano de tórax.

Cuando hay motivos para pensar que la lesión podría ser un tumor, o simplemente cuando sacarla es la forma más segura de saber qué es, la cirugía es el camino. Extirpar un nódulo chico y bien delimitado permite, al mismo tiempo, analizarlo y resolver el problema.

“Ante la duda o ante determinadas circunstancias, es cuando se decide la extracción del nódulo por vía quirúrgica”, explicó el especialista. Muchas veces se recurre a una técnica mínimamente invasiva, la toracoscopía, que el médico describió como “una laparoscopia, pero hecha en el tórax”.

Cuando el nódulo está en una zona de difícil acceso para ese método, se hace una cirugía convencional. Una vez extirpado, el nódulo puede analizarse “desde el punto de vista anatomopatológico, inmunológico, con marcadores específicos biomoleculares”. Ese estudio es el que da la respuesta definitiva sobre su naturaleza.

Una cirugía cada vez menos agresiva

La cirugía de pulmón cambió mucho en los últimos años. Hoy, en los centros con experiencia, se hace en la mayoría de los casos a través de pequeños cortes en el costado del pecho, por donde entran una cámara y los instrumentos. Así, el paciente sufre menos dolor, tiene menos complicaciones, sale antes del hospital y vuelve más rápido a su vida normal, algo que es especialmente valioso en personas mayores.

Además, cuando el nódulo es pequeño, los cirujanos muchas veces ya no necesitan sacar una gran parte del pulmón. Varios estudios mostraron que, en lesiones chicas detectadas a tiempo, alcanza con quitar una porción más reducida, con resultados igual de buenos y conservando más capacidad para respirar.

Lo que se sabe del caso del Papa

Hasta ahora el Vaticano no informó qué tipo de lesión es ni cuánto mide, y cualquier especulación sería apresurada. Lo que sí se sabe es lo que el propio León XIV quiso remarcar: que el nódulo se encontró temprano, que está bien circunscrito y que sus médicos consideraron que lo mejor era sacarlo. En el mundo de los nódulos pulmonares, esas tres condiciones son, justamente, las que suelen ir de la mano de los mejores resultados.

En los próximos días, el análisis de lo que se extirpe dará la respuesta definitiva. Mientras tanto, la atención estará puesta en su recuperación y en si podrá cumplir con el esperado viaje a Sudamérica.

MG