Hace 15 años atrás, Japón sufrió un devastador tsunami, que dejó miles de personas muertas y otras tantas desaparecidas.

En el norte del país, una mujer fue sorprendida por el agua mientras estaba en su trabajo, y nunca más se supo de ella.

Tiempo después, su esposo copió la tarea de los rescatistas que la buscaban: bucear. Desde entonces, no ha dejado de hacerlo, ya que lo toma como una forma de estar cerca de su querida pareja.

"Me dijeron que el tsunami se la había llevado": la tragedia que motivó a Takamatsu a bucear

Corría el año 2011 cuando Yasuo Takamatsu dejó a su esposa, Yuko, en la vereda del banco en el que esta trabajaba, en Onagawa, Japón. Antes de hacerlo ambos hablaron sobre qué iban a comer a la noche.

Sin embargo, poco tiempo después, en donde estaba Yuko sonaron las alarmas de alerta de tsunami, por lo que ella y 12 compañeros subieron a la azotea del edificio.

Yasuo vio por última vez a su pareja cuando la dejó en su trabajo. Foto: AP Photo/Eugene Hoshiko

Desde allí, envió un texto a su marido: "¿Estás a salvo? Quiero volver a casa".

Al ver el mensaje, Yasuo creyó que su esposa estaba a resguardo, pero, al día siguiente, cuando acudió al hospital municipal donde se refugiaban los sobrevivientes, descubrió que ella no estaba allí.

"Me dijeron que el tsunami se la había llevado", contó a la BBC. El japonés reveló que, tras la noticia, su mundo se derrumbó. "Después de eso, no podía ni mantenerme en pie. Perdí todas mis fuerzas, como si el agua se las hubiera llevado consigo", relató.

En los días y semanas posteriores, a medida que las aguas se retiraban, se recuperaron miles de cuerpos a lo largo de la costa japonesa.

Pero muchas víctimas, entre las que se encuentra Yuko, siguen desaparecidas.

Durante dos años, Yasuo observó cómo los buzos de la Guardia Costera de Japón rastreaban cuerpos y recuperaban pertenencias y recuerdos.

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Takamatsu aprendió a bucear para sentirse más cerca de su esposa.

Finalmente, tomó la decisión de sumarse personalmente a la búsqueda. "Aprendí a bucear. Sentía que algún día podría encontrarla si seguía buceando", afirmó.

"Es algo distinto a visitar una tumba": el particular ritual de Takamatsu

En Japón, se recuerda a los difuntos en los rituales cotidianos y se cree que permanecen entre los vivos mucho después de haber fallecido.

La práctica budista del kuyō incluye rituales como hacer ofrendas y orar junto a una tumba o un altar para brindar paz y bienestar a los seres queridos fallecidos.

Sin embargo, como nunca se recuperaron los restos de Yuko, Yasuo no ha podido visitar un sepulcro para realizar estos ritos.

En su lugar, lo que comenzó como una búsqueda se ha convertido en un ritual en sí mismo, un acto de recuerdo y conexión.

"Tras bucear una y otra vez, empecé a sentir que ella podría estar cerca", señaló Yasuo. "Es algo distinto a visitar una tumba, porque ella no está en una tumba. Es más como ir a reunirme con ella", agregó.

Yuko aún sigue desaparecida. Foto: captura video YT (AP Archive)

Cuando se encuentra en las profundidades del mar y contempla la destrucción causada por años de desastres naturales, siente tristeza. "Al mirar los escombros, pienso: 'Ella no podría haber logrado salir a la superficie entre todo esto'. Y cuando pienso eso, siento ganas de llorar", confesó.

No obstante, Yasuo no odia el mar. Con el tiempo, ha llegado a aceptar que los desastres naturales son inevitables y escapan al control humano.

"En realidad, no le guardo rencor ni nada por el estilo. En aquel momento hubo un tsunami y el mar estaba agitado. Pero, por otro lado, se pueden pescar muchas cosas deliciosas. Y el paisaje es hermoso", reflexionó.

Así, Yasuo encarna la actitud de un pueblo que ha vivido repetidos desastres naturales.

En la zona de Tohoku donde vive, en la costa del Pacífico, los tsunamis y los terremotos no son algo inusual.

Santuarios, restos de naufragios y escombros salpican el litoral como recordatorio del poder de la naturaleza y de cómo los seres humanos forman parte de ese entorno natural.

Takamatsu lleva más de 750 inmersiones. Foto: AP/Eugene Hoshiko

Al ir y volver de sus inmersiones, Yasuo se muestra sonriente y amable. Cuando habla de Yuko, según la BBC, suele hacerlo con ironía. "Si nos encontráramos creo que, sorprendentemente, lo primero que ella me diría sería: 'Has envejecido'", declaró al medio inglés.

Pero sus inmersiones son también un momento para la reflexión.

A 50 metros bajo la superficie, bucea sobre un paisaje submarino fracturado, resultado de ciclos de destrucción.

"Hay todo tipo de formaciones submarinas. Algunas parecen montañas; puedes flotar sobre ellas y contemplarlas desde arriba. Así que, en realidad, es un poco como volar", comentó.

Yasuo creció junto a este mar mucho antes de conocer a Yuko. Aprendió a nadar y a pescar en sus aguas, y estas han marcado su vida desde que tiene uso de razón.

Ahora, cuando contempla los restos bajo la superficie, los ve como parte del ciclo constante de cambio de la naturaleza.

"Hay autos que parecen medio aplastados y otras cosas que se han convertido en arrecifes artificiales. Allí acuden los peces y, más tarde, aparecen los huevos", indicó.

Quince años después, el duelo sigue presente. Y también el mar. Recientemente completó su inmersión número 763. Pronto volverá al agua una vez más, para estar cerca de Yuko.