-¿Qué representa, históricamente, el fútbol para la Argentina?

-Si vamos a la historia, el fútbol es un deporte muy anhelado por el pueblo argentino, en el sentido que fue propiedad de los ingleses desde 1893, cuando se funda la Argentine Association Football League (AAF). En aquel momento, los argentinos querían jugar al fútbol y no podían porque la competición estaba en manos de los británicos. En 1911 los ingleses organizan el último campeonato y luego surge la Federación Argentina de Football, como una escisión de la AAF. Eso permite que muchos clubes de origen criollo puedan competir en primera. Pero esta atracción por el fútbol no se daba sólo en Argentina. De hecho, en España el primer club en practicar este deporte fue el Huelva Recreation Club, fundado en 1889, y en Italia el Associazione Calcio Milan fue fundado por ingleses. Sin embargo, a la vez que fundaban clubes de fútbol, los ingleses también practicaban cricket, golf y rugby.

-El fútbol genera una pasión que parece no existir en otros deportes, ¿por qué?

-Porque es un deporte sencillo, entretenido y que se puede jugar en cualquier lugar: el patio de un colegio, la calle o el potrero. Pero en el fútbol hay algo muy importante y que lo hace único: la imprevisibilidad del resultado. Eso lo hace distinto a otros deportes. Por ejemplo, en básquet, vóley o rugby gana casi siempre el mejor equipo. En el fútbol gana quien esté mejor el día del partido, puede pasar cualquier cosa, el equipo chico le puede ganar al grande.

-¿Es el fútbol un deporte o juego plebeyo?

-Tal cual, es así. Pero ocurre que desde la antigua Grecia y hasta la revolución industrial el deporte siempre fue patrimonio de la clase social alta. En los juegos olímpicos griegos competían quienes tenían tiempo para el ocio, aquellos que poseían dinero y no necesitaban trabajar todos los días del año. Con las conquistas laborales, como el sábado inglés y el descanso dominical, los sectores populares comenzaron a tener tiempo para practicar deportes.

-Teniendo en cuenta sus distintos orígenes, ¿puede pensarse a Diego Maradona y a Lionel Messi como exponentes de los sectores pobres y la clase media dentro de un campo de juego?

-Puede ser. La familia Messi era humilde. De hecho, todavía conservan la casa donde se crió Lionel. Eran humildes, no era Villa Fiorito. Quiero decir, Maradona empezó de más abajo. Con todo, creo que Messi se benefició de la existencia de Maradona, ya que vio su decadencia, cómo, en cierta manera, Diego administró mal su vida. Messi hizo todo lo contario: se casó con una mujer que conoce desde la infancia, mantuvo siempre el mismo núcleo familiar.

-¿Qué tipo de cohesión social genera el fútbol en nuestro país?

-Hay algo que atraviesa las capas sociales: el fervor, el sentirse protagonista del deporte más popular en la historia de la humanidad, y en que Argentina es de los mejores del mundo. Eso, entre otras cosas, otorga sentido de pertenencía. Por otra parte, desde la perspectiva social hay un dato importante: el fútbol argentino, todavía hoy, se nutre de las clases sociales más bajas.

-¿Qué enseñanza dejaron el mundial de Estados Unidos como evento y la selección nacional como grupo humano?

-El Mundial tuvo partidos fabulosos. En cuanto a la Argentina, el ejemplo de honestidad, seriedad y humildad de Lionel Scaloni y sus colaboradores - Pablo Aimar, Walter Samuel y Roberto Ayala - sirvió para moldear un grupo de jugadores que eran como ellos: sobrios, respetuosos y educados. Lógicamente, la medida fue Lionel Messi. En efecto, no se puede hablar del grupo de Scaloni sin tener en cuenta al capitán. El entrenador armó un equipo para Messi, quien le dio su impronta: perfil bajo, responsabilidad y seriedad con el entrenamiento. En ese sentido, tanto Messi como el grupo que conformó Scaloni son únicos en la historia de la selección argentina, no solo por esos valores y por la forma en que construyeron el equipo, sino también por los extraordinarios resultados deportivos que alcanzaron.

-¿La Selección nacional es un espejo o reflejo de la sociedad?

-No, creo que no. La selección argentina de fútbol mostró que puede superar lo que somos como sociedad. El nivel de humildad, responsabilidad, trabajo en equipo y compañerismo no lo vimos en ningún otro ciclo de la selección. Al contrario, muchas veces nos considerábamos campeones morales y creíamos que éramos superiores. Pero hay muy algo importante: el fútbol argentino cambia y se ordena en 1978, con Menotti. Fue quien logró que, por primera vez, los clubes cedieran a sus jugadores con el tiempo necesario para ir a las eliminatorias y al mundial. Luego, con Bilardo, se confirmó y profundizó esa idea: el trabajo de la selección nacional debía ser riguroso, profesional y sistemático, y ese interés superior debía prevalecer por encima del de los clubes. Menotti y Bilardo, más allá de sus diferencias filosóficas sobre el juego, construyeron juntos los cimientos sobre los que Scaloni pudo edificar un grupo extraordinario.

-¿En qué medida el deporte, y por caso el fútbol, es un espacio de representación geopolítica?

-Con Inglaterra, claramente, el fútbol se mostró como un espacio de reivindicación por las Malvinas. Por eso para los argentinos, desde el punto de vista psicológico fue más importante el partido con Inglaterra que con Uruguay o Brasil, vecinos de toda la vida con los que se rivaliza en términos deportivos: cantidad de Copas América o Mundiales ganados. Además, los equipos se cruzan en la Copa Libertadores de América.

-Pensando el fútbol como parte de la identidad argentina, ¿qué representa el retiro de Messi de la selección?

-En la Argentina, el fútbol hace tiempo dejó de ser solamente un deporte. Forma parte de la cultura y la manera de reconocernos como sociedad. Atraviesa las clases sociales, las generaciones y las diferencias políticas o económicas. Muy pocas cosas tienen esa capacidad de reunir a millones de personas alrededor de una emoción común. Y quizás allí esté una de sus mayores virtudes: durante noventa minutos, personas que viven realidades completamente distintas pueden sentir que forman parte de lo mismo. En ese sentido, el reciente retiro de Messi de la selección también tiene un significado especial y es coherente con lo que fue su manera de conducirse durante estos años: así como supo administrar su carrera y preservarse fuera de la cancha, también parece haber entendido cuándo era el momento de cerrar una etapa. Se va después de haber dado todo por la selección, pero también dejando lugar a una nueva generación. En consecuencia, su legado no está solamente en los títulos o en su extraordinaria condición de futbolista, sino también en la forma en que ejerció el liderazgo, con humildad, responsabilidad y sentido de pertenencia.

Señas particulares

Gustavo Abreu es Doctor en Derecho por la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid), con una tesis dedicada al fútbol como deporte y organización en la Argentina. Es profesor de Derecho del Deporte en la Universidad Austral (UA), árbitro del Tribunal Arbitral del Deporte (TAS) de Lausana, y autor de los libros “El fútbol y su ordenamiento jurídico” (2012) y “El fútbol argentino. Historia jurídico-política de su organización” (2016).