Conseguir un empleo durante la adolescencia fue durante décadas una experiencia habitual. Trabajar en un comercio, ayudar en un negocio familiar o aprovechar las vacaciones para ganar dinero formaba parte de la transición hacia la vida adulta de millones de jóvenes.

Esa realidad suele utilizarse para describir a quienes crecieron décadas atrás como una generación más independiente o resistente. Sin embargo, los datos históricos permiten confirmar algo más concreto: la participación de los adolescentes en el mercado laboral era elevada, aunque sus motivos para trabajar eran diversos y no permiten explicar por sí solos cómo serían después como adultos.

Más de la mitad de los adolescentes participaba del mercado laboral

Las estadísticas históricas del Bureau of Labor Statistics (BLS) de Estados Unidos permiten reconstruir cómo cambió el empleo juvenil desde mediados del siglo XX.

En 1950, el 51,8% de los jóvenes de entre 16 y 19 años participaba de la fuerza laboral. Una década después, en 1960, la proporción era del 47,5%. La participación volvió a crecer durante las décadas siguientes hasta alcanzar el 57,9% en 1979.

En 1950, el 51,8% de los jóvenes de entre 16 y 19 años participaba de la fuerza laboral.

Los datos también muestran por qué resulta difícil hablar simplemente de “los jóvenes de los años 50 y 60”: el empleo adolescente experimentó importantes variaciones incluso dentro de aquellas generaciones.

El verano en que trabajaba más del 70%

La diferencia resultaba todavía más evidente durante las vacaciones. En julio de 1950, la tasa de participación laboral de los adolescentes alcanzaba el 63,2%. Diez años después se encontraba en el 61,3%.

En julio de 1950, la tasa de participación laboral de los adolescentes alcanzaba el 63,2%.

El máximo histórico de la serie llegó más tarde: en julio de 1978, el 71,8% de los jóvenes de 16 a 19 años participaba de la fuerza laboral. El empleo de verano ofrecía ingresos, experiencia y una primera aproximación al mercado laboral antes de finalizar los estudios.

¿Trabajaban porque no tenían otra opción?

Una explicación frecuente sostiene que los jóvenes comenzaban a trabajar temprano porque sus familias necesitaban obligatoriamente ese ingreso.

En determinados hogares, la necesidad económica efectivamente podía ser decisiva. Pero las estadísticas de participación laboral no permiten establecer que ese fuera el motivo de todos o siquiera de la mayoría.

Para las personas que nacieron en 1950 y 1960, la idea de prolongar los estudios hasta los 25 años no era lo habitual.

Las razones podían incluir la búsqueda de independencia económica, las expectativas familiares, la posibilidad de adquirir experiencia o simplemente la disponibilidad de empleos temporales. Además, las condiciones variaban según la clase social, el género, el lugar de residencia y el período analizado.

Una adolescencia con mayor autonomía

El trabajo remunerado formaba parte de una transformación más amplia en la manera de atravesar la adolescencia. Otras investigaciones que compararon generaciones encontraron que padres y abuelos actuales recuerdan haber disfrutado de mayor autonomía para desplazarse, jugar sin supervisión y realizar actividades por su cuenta.

Un estudio que comparó a unos 500 padres con sus hijos, por ejemplo, encontró que el 91,8% de los adultos recordaba haber utilizado medios activos para ir a la escuela cuando tenía entre 10 y 12 años. Entre sus hijos, la cifra era del 49,3%.

También había diferencias en permisos para cruzar calles principales, andar en bicicleta o permanecer afuera después de oscurecer.

Qué plantea el estudio de Peter Gray

Los psicólogos Peter Gray y David Bjorklund y el antropólogo David Lancy analizaron precisamente la disminución de las actividades independientes durante la infancia.

En un trabajo publicado en The Journal of Pediatrics, plantearon que durante décadas se redujeron las oportunidades de jugar sin supervisión, desplazarse de manera independiente y asumir determinadas responsabilidades.

Los autores propusieron que esa transformación podría estar relacionada con cambios en el bienestar psicológico de niños y adolescentes. Sin embargo, el trabajo no demuestra que comenzar a trabajar temprano produzca una mayor fortaleza emocional.

¿Trabajar joven hace a una persona más resiliente?

No existe evidencia suficiente para concluir que quienes trabajaron durante la adolescencia sean, décadas después, más resistentes a la frustración o mejores para enfrentar las dificultades. Comparar generaciones completas resulta especialmente complicado. Al mismo tiempo que cambiaron las responsabilidades de los jóvenes, también se transformaron la educación, las familias, la economía, el mercado laboral y la tecnología.

Los datos históricos sí muestran una diferencia clara: para millones de adolescentes de mediados y finales del siglo XX, tener un empleo antes de llegar a la adultez era una experiencia mucho más frecuente.

Eso no demuestra que fueran una generación más fuerte. Pero ayuda a entender una etapa en la que estudiar, trabajar y asumir responsabilidades podían comenzar a convivir desde edades considerablemente más tempranas.