{"id":18786,"date":"2026-01-05T06:26:16","date_gmt":"2026-01-05T09:26:16","guid":{"rendered":"https:\/\/infinitoradio.com\/?p=18786"},"modified":"2026-01-05T06:26:16","modified_gmt":"2026-01-05T09:26:16","slug":"usted-no-esta-insoportable-solo-hace-calor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/infinitoradio.com\/?p=18786","title":{"rendered":"Usted no est\u00e1 insoportable, solo hace calor"},"content":{"rendered":"<p><b>\u00bfQu\u00e9 es el calor? <\/b>Es el motivo por el cual usted est\u00e1 pegajoso, est\u00e1n todos insoportables y se busca escapatoria en cualquier lugar que provea un descanso (ni siquiera fr\u00edo, con sombra ya alcanza). Con la llegada de las \u00faltimas semanas de diciembre y las primeras de enero, el calor provoca un efecto positivo para los que todav\u00eda tienen que trabajar: eyecta a aquellos de la primera quincena a la Costa Atl\u00e1ntica, que llegan cargados de hijos, suegra, perro, 12 reposeras, cuatro hieleras y dos docenas de protectores solares para cumplir la tradici\u00f3n de ver, en la playa, a toda aquella gente que durante el a\u00f1o vieron en traje y corbata en el subte. <\/p>\n<p>En la ciudad, lejos de aquellos veraneantes, est\u00e1n los que se quedaron y tienen problemas de los m\u00e1s sencillos pero acuciantes a la vez. Por ejemplo, a la hora de comer, el calor da lugar a la mayor de las batallas: no prender el horno. Una hornalla puede tolerarse, pero el horno jam\u00e1s. \u00bfTarta al horno? Descartado. \u00bfPollo al horno? Mejor no. \u00bfAlg\u00fan postre al horno, como bud\u00edn de bananas? Quiz\u00e1s para otro momento, a menos que usted sea un kamikaze o esas bananas est\u00e9n al borde del descarte y <b>su \u00fanica salida sea convertirse en una merienda. <\/b><\/p>\n<p>Entonces surge la pregunta de qu\u00e9 comer (y hasta algunos se arriesgan a preguntarse: \u00bfvale la pena cenar con este calor?). Pero algo hay que ingerir, por lo que surgen los malabaristas de la gastronom\u00eda con sus recetas fr\u00edas: tomates rellenos, huevos rellenos, piononos (tambi\u00e9n rellenos), ensaladas o simplemente hielo del freezer. Sin embargo llega el d\u00eda de la encrucijada, cuando ya el est\u00f3mago pide algo a una temperatura adecuada, y entonces hay que sacrificarse al lado de una sart\u00e9n, rebosante de aceite, que salpica lava hirviendo con cada milanesa que se sumerge. Siempre estar\u00e1 el que le pida a la madre, al padre o a la pareja que la haga <b>\u201ca la napolitana\u201d<\/b> y se martirice junto al horno mientras espera que el queso se derrita deliciosamente. <\/p>\n<p>Mientras tanto, como si fuera un fen\u00f3meno \u00fanico jam\u00e1s visto por el universo, los canales de noticias cubren el calor como si se tratara del Mundial. Hay cronistas en las esquinas consideradas m\u00e1s calientes, van los movileros a las pizzer\u00edas para entrevistar a los pizzeros que dejan la vida por una fugazzeta y no faltan las coberturas desde las piletas p\u00fablicas, la costa atl\u00e1ntica o lugares, por el contrario, totalmente helados, como f\u00e1bricas de hielo.<\/p>\n<p>Por las redes sociales empiezan a circular esos videos ins\u00f3litos, divertidos e incomprobables, como vecinos de Santiago del Estero haciendo un huevo frito en la vereda, <b>pelopinchos armadas en balcones <\/b>o valientes al l\u00edmite de la locura sumergidos en lugares prohibidos para refrescarse, como las riberas de Quilmes o Vicente L\u00f3pez. Y en tanto <i>scrolleo <\/i>aparece la mayor envidia: s\u00ed, esos, los que dejaron la ciudad y est\u00e1n en la costa atl\u00e1ntica, con los pies en la arena y la mirada en el mar (con la suegra incluida, s\u00ed, pero en el mar). S\u00ed, porque detr\u00e1s del se\u00f1or que vende choclos, de la se\u00f1ora que vende pareos, de los que juegan a la paleta y de los jubilados que se gritan por el tejo, est\u00e1 el mar. Entonces los recuerdos afloran y el que se qued\u00f3 en la Ciudad rememora su \u00faltima visita a San Bernardo, lo fresca que estaba el agua, lo rico que estaban los churros y c\u00f3mo el calor se iba de su vida, se alejaba y se quedaba en esa monstruosidad de construcciones api\u00f1adas del microcentro porte\u00f1o. Ah\u00ed, en el mar, el clima fluye y el calor no se aglomera en una cocina, por lo que se pueden hacer tartas, pizzas y hasta pastel de papa con el horno a 180 grados. Y la felicidad es total: calor de d\u00eda, fresco de noche. Pero usted no est\u00e1 en la Costa, sino en la oficina, o haciendo home office abajo de un aire acondicionado que no puede m\u00e1s, o a pura bocina en la Panamericana con la esperanza de llegar a Pilar. Entonces se da cuenta de que el calor le est\u00e1 quemando, pero no la piel, sino el cerebro. <b>Dios, \u00bfcu\u00e1ndo llega el invierno? <\/b><\/p>\n<p>\u200b\u00bfQu\u00e9 es el calor? Es el motivo por el cual usted est\u00e1 pegajoso, est\u00e1n todos insoportables y se busca escapatoria en cualquier lugar que provea un descanso (ni siquiera fr\u00edo, con sombra ya alcanza). Con la llegada de las \u00faltimas semanas de diciembre y las primeras de enero, el calor provoca un efecto positivo para los que todav\u00eda tienen que trabajar: eyecta a aquellos de la primera quincena a la Costa Atl\u00e1ntica, que llegan cargados de hijos, suegra, perro, 12 reposeras, cuatro hieleras y dos docenas de protectores solares para cumplir la tradici\u00f3n de ver, en la playa, a toda aquella gente que durante el a\u00f1o vieron en traje y corbata en el subte. En la ciudad, lejos de aquellos veraneantes, est\u00e1n los que se quedaron y tienen problemas de los m\u00e1s sencillos pero acuciantes a la vez. Por ejemplo, a la hora de comer, el calor da lugar a la mayor de las batallas: no prender el horno. Una hornalla puede tolerarse, pero el horno jam\u00e1s. \u00bfTarta al horno? Descartado. \u00bfPollo al horno? Mejor no. \u00bfAlg\u00fan postre al horno, como bud\u00edn de bananas? Quiz\u00e1s para otro momento, a menos que usted sea un kamikaze o esas bananas est\u00e9n al borde del descarte y su \u00fanica salida sea convertirse en una merienda. Entonces surge la pregunta de qu\u00e9 comer (y hasta algunos se arriesgan a preguntarse: \u00bfvale la pena cenar con este calor?). Pero algo hay que ingerir, por lo que surgen los malabaristas de la gastronom\u00eda con sus recetas fr\u00edas: tomates rellenos, huevos rellenos, piononos (tambi\u00e9n rellenos), ensaladas o simplemente hielo del freezer. Sin embargo llega el d\u00eda de la encrucijada, cuando ya el est\u00f3mago pide algo a una temperatura adecuada, y entonces hay que sacrificarse al lado de una sart\u00e9n, rebosante de aceite, que salpica lava hirviendo con cada milanesa que se sumerge. Siempre estar\u00e1 el que le pida a la madre, al padre o a la pareja que la haga \u201ca la napolitana\u201d y se martirice junto al horno mientras espera que el queso se derrita deliciosamente. Mientras tanto, como si fuera un fen\u00f3meno \u00fanico jam\u00e1s visto por el universo, los canales de noticias cubren el calor como si se tratara del Mundial. Hay cronistas en las esquinas consideradas m\u00e1s calientes, van los movileros a las pizzer\u00edas para entrevistar a los pizzeros que dejan la vida por una fugazzeta y no faltan las coberturas desde las piletas p\u00fablicas, la costa atl\u00e1ntica o lugares, por el contrario, totalmente helados, como f\u00e1bricas de hielo.Por las redes sociales empiezan a circular esos videos ins\u00f3litos, divertidos e incomprobables, como vecinos de Santiago del Estero haciendo un huevo frito en la vereda, pelopinchos armadas en balcones o valientes al l\u00edmite de la locura sumergidos en lugares prohibidos para refrescarse, como las riberas de Quilmes o Vicente L\u00f3pez. Y en tanto scrolleo aparece la mayor envidia: s\u00ed, esos, los que dejaron la ciudad y est\u00e1n en la costa atl\u00e1ntica, con los pies en la arena y la mirada en el mar (con la suegra incluida, s\u00ed, pero en el mar). S\u00ed, porque detr\u00e1s del se\u00f1or que vende choclos, de la se\u00f1ora que vende pareos, de los que juegan a la paleta y de los jubilados que se gritan por el tejo, est\u00e1 el mar. Entonces los recuerdos afloran y el que se qued\u00f3 en la Ciudad rememora su \u00faltima visita a San Bernardo, lo fresca que estaba el agua, lo rico que estaban los churros y c\u00f3mo el calor se iba de su vida, se alejaba y se quedaba en esa monstruosidad de construcciones api\u00f1adas del microcentro porte\u00f1o. Ah\u00ed, en el mar, el clima fluye y el calor no se aglomera en una cocina, por lo que se pueden hacer tartas, pizzas y hasta pastel de papa con el horno a 180 grados. Y la felicidad es total: calor de d\u00eda, fresco de noche. Pero usted no est\u00e1 en la Costa, sino en la oficina, o haciendo home office abajo de un aire acondicionado que no puede m\u00e1s, o a pura bocina en la Panamericana con la esperanza de llegar a Pilar. Entonces se da cuenta de que el calor le est\u00e1 quemando, pero no la piel, sino el cerebro. Dios, \u00bfcu\u00e1ndo llega el invierno?\u00a0\u00a0LA NACION<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfQu\u00e9 es el calor? 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