Un mundo que tiene tradición, mestizaje y modernidad, pilares del proyecto Mundo Chango, una retrospectiva del Chango Spasiuk en el que repasa más de cuarenta años de carrera. “Siento que todo es mestizaje, estamos atravesados de múltiples improntas y es ahí donde reside la fuerza, la potencia de estás músicas. Cuando nací, el chamamé ya estaba. Es la ignorancia la que busca fragmentar, esto es tradición, esto no lo es; pero cuando se indaga se reconocen los diferentes elementos que forman cada música”. Lo presentará este viernes 6 de noviembre, en el Teatro Coliseo, acompañado por un octeto más el SurdelSur Ensamble y Martín Schachner, en Animatica.

-¿Cómo nació este proyecto?

-Mundo Chango, nació a partir del cuadro que me regaló Heriberto (se refiere al artista plástico Heriberto Eichenberger, que falleció en julio pasado) y que llamó Mundo Chango (la obra utilizó tierra colorada de fondo y un niño con un mundo en sus brazos). Me pareció una hermosa posibilidad de armar un concierto en ese universo que muestra la pintura. La imagen transmite un concepto potente que abarca muchas cosas en ese universo.

“Durante el transcurso de este proyecto me conecté con Animatica, del artista Martín Schachner. Quedé muy impactado con su producción de mecanismos ópticos relacionados a la imagen, la luz y el movimiento y le propuse si podía hacer una de esas máquinas para que estuviese en el escenario durante el concierto. Le pareció un desafío y la diseñó del tamaño de un piano vertical", explicó el Chango.

El Chango Spasiuk y el instrumento con el que está cumpliendo 4 décadas de música profesional. Foto Guillermo Rodriguez Adami

La máquina va a disparar dispositivos asociados al repertorio en el que aparecen títulos, fotos, dibujos y frases que a su vez serán filmadas por seis cámaras que se reproducen sobre un lienzo que ocupa todo el fondo del escenario. “Es algo mágico, artesanal y analógico y está hecha con alambre, papel, películas fotográficas, resortes y asociada con la parte musical que tiene acordeones, violines, guitarras y un cuarteto de cuerdas. El repertorio tiene músicas mías y también de Cocomarola, Tarragó, Piazzolla y Spinetta. Ante la actualidad tan digital, nosotros volvemos al proyector, los espejos, a las fotos de papel. Una postura necesaria en este tiempo", agregó.

¿Cómo una puesta contracultural?

-No, no es por ser renegado al pedo, sino que me nace así y siento que es bello y necesario y agradezco que haya tanta gente que me acompaña en esto.

Spasiuk es uno de los artistas que desarrollaron una mirada propia, moderna y creativa a partir del chamamé, la polka y el chotis. Nació en Apóstoles, Misiones, en septiembre de 1968. Descendiente de ucraniano, su padre, carpintero y violinista aficionado, fue una de sus mayores influencias, pero no en la música sino en la disciplina laboral. Un aspecto que el Chango no descuidó a lo largo de su carrera. A los doce años comenzó a tocar el acordeón en fiestas y casamientos.

Apareció en un programa de televisión, Expresión Regional Chamamecera que le abre las puertas para el Festival Docente, el Festival del Durazno y el Festival de la Madera, todos en Misiones, y que lo catapultaron para participar en 1987, en el Festival Eurolatina, en Países Bajos y debutar en Cosquín, en enero de 1989, con 20 años.

Vanguardia y tradición. En el Teatro Colón se presentó dos veces y pronto saldrá un registro de la última actuación allí. Foto de prensa gentileza Ignacio Arnedo.

.A fines de los años noventa cambiaste tu sonido y tuviste que enfrentarte a los tradicionalistas, ¿Cómo viviste esa situación?

-Me volví prescindible cuando creía que era esencial. No me quiero poner en ese lugar de pobre de mí. Uno no es disruptivo para incomodar, uno se está buscando. Se corre de un lugar pero no es que quería incomodar a la gente y con esto no quiero decir que el disruptivo es mejor que el que se siente bien donde está, porque es algo íntimo. No es una lucha infantil entre tradición y vanguardia. Yo me buscaba, pero estoy enamorado de la tradición. Yo siento que sin la tradición no hay punto de partida.

“Pero hay un costo y se paga un precio y yo lo pagué un montón de veces, como quedar afuera de lugares en los cuales puedo encajar pero me di cuenta que ya no pertenecía; es lo que me tocó y a su vez me permitió encontrar mejores versiones de mí. La soledad, la tristeza de transitar estas situaciones me ayudaron a encontrar lo mejor de mí y celebro haber pasado por todo esto y estar entero”, señaló el artista.

-Hay una frase del saxofonista Archie Shepp “La vanguardia es caminar en la soledad”

-Algo así sentí.

-¿Cómo sucedió esa mejor versión que describís frente a ese malestar de los tradicionalistas que decían "si sabe cómo se toca porque no lo deja cómo está"?

-(Se ríe) Hay una parte de la música que cuando uno trata de explicarla se queda en la superficie. La música es una experiencia intransferible, tanto para el que la hace como para el que la escucha. Hay algo interno que me dice que este es el lugar donde tengo que estar y que esas ideas y sonidos sobre los que trabajo están bien. No puedo explicar por qué lo estoy haciendo, hay mucho de oficio también. La motivación que te sostiene en el camino es esa experiencia personal que me levanta todos los días.


-El mestizaje en el chamamé es palpable como tantas otras músicas ¿Cómo te llevas con toda esta diversidad de influencias?

-La diversidad para mí es un tesoro. En la música hay corrientes estéticas y son bienvenidas. Uno busca su lugar en las cosas y la verdad no creo que esté en un sólo discurso, más bien es una sensación colectiva, comunitaria y que nos hace bien a todos, es constructiva. Pero son palabras, palabras.

Chango Spasiuk, de Misiones para el mundo. Este viernes en el Teatro Coliseo. Foto Guillermo Rodriguez Adami

-¿Cuándo sentiste que ibas a ser músico?

-Siempre me sentí músico. Cuando termine la primaria e iba a empezar la secundaria ya estaba convencido. Yo soy músico y mientras, estudio en la escuela y así me sentí siempre. Todos no tienen esa certeza y siempre he tratado de ser fiel a esa certeza que me atravesó de chico y acá estoy con todo el entusiasmo. Me sigue dando felicidad tocar el acordeón.

-Hay un tema del que hablaste en algún momento y es cuando sentís que desapareces tocando ¿Buscás ese momento, lo provocás?

-Sí, es como desaparecer en el sonido. Como dicen muchos budistas mientras haya un meditador, no hay meditación. Aparece la meditación cuando desaparece el meditador. Con la música a veces me pasa ese regalo y me puedo diluir y desaparecer en el sonido, pero por un ratito, porque no se puede sostener ya que pasan un montón de otras cosas, como lo que se está tocando, cómo suena todo.

“Sin entrar en un discurso New Age, ni nada de eso. Es una experiencia real, cómo cuando sos un niño y jugás y no te acordás de vos y vivís una totalidad en ese estar jugando. Por ejemplo, cuando estoy tocando con el ensamble de cuerdas aparecen lugares muy especiales y cuando vuelvo a tocar los estoy esperando y a veces sale, a veces mucho mejor de lo que esperaba y a veces directamente no sale. Leí una biografía de Martha Argerich y hay una frase que cito bastante en esta época: 'Hacer música es darle a los demás algo de lo cual uno no está seguro de poseer'. Eso siento. No doy por sentado qué va a suceder, no doy por sentado lo que va a sonar. No le pertenece al músico y es un regalo para todos".

-Si no le pertenece al músico ¿de dónde proviene?

-Ese es un misterio. Todas las preguntas no tienen respuestas.

-Después de Mundo Chango, ¿qué viene?

-Estoy terminando de grabar la música de un documental sobre el Litoral que hicieron Los Gauchos de Mar (los hermanos Julián y Joaquín Azulay) y espero el año próximo lanzar el segundo concierto en el Colón, que grabé en septiembre de 2024 y que llamé 35 años. Me tomo mi tiempo para editarlo porque quería que hubiese diferencias en el repertorio de aquel primer Colón que hice en 2014.

“Además del disco en el Colón estoy con un disco con Rodrigo Sosa, quenista que vive en Cuba. Estuve en el Festival de Jazz de Cuba y ahí lo conocí y nos juntamos a grabar con un grupo cubano y en dos días salió este trabajo. Un cruce con músicos cubanos que quedó muy interesante. También estoy trabajando con dos productores en Los Ángeles y de esto no puedo contar mucho más y terminé mi repertorio escrito para música orquestada, tanto sinfónica como camarística”, señaló el músico que tiene diecisiete discos editados.

"Otro proyecto es editar un Songbook de partituras con quince arreglos de mi música escritas para piano por Matías Martino y aunque hay mucho chamamé escrito siento que es un aporte. Mi música viene de transmisión oral y es interesante pasarla a la partitura en piano. Y hay algunos festivales en los que todavía puedo tocar mi música.

-¿Estás componiendo? ¿Cómo es tu trabajo de composición?

-A presión. Cuando tengo que hacerlo sí o sí.

-¿Seguís visitando Apóstoles, tu pago?

-Vivo en Buenos Aires y a mis hermanos los visito en otras ciudades de Misiones; cuando voy a Apóstoles me gusta pasar por la puerta de la carpintería y voy al cementerio a llevarles flores a mis padres y a mi hermana.