Mientras el centro de Avellaneda despierta, el umbral del Teatro Roma es una puerta en el tiempo. En la sala se ultiman los preparativos para el ensayo de escena, mientras el coro se va congregando y los solistas se calzan el vestuario. Una vez llegada la utilería, el ensayo puede comenzar. Así se prepara por estos días una nueva producción de Pagliacci, la ópera de Ruggero Leoncavallo, en una coproducción entre el Teatro Municipal Roma de Avellaneda, la Orquesta Sinfónica Municipal de Florencio Varela y la compañía independiente Sol Lírica que se verá en ambos municipios este jueves y sábado.
Pero no es un Pagliacci más: detrás hay una relectura profunda y actual de la historia del actor que confunde realidad y ficción y mata a su esposa frente al público, una problematización del tema y una reubicación: esta vez el paisaje no es la Italia del sur sino una localidad del campo argentino a fines del siglo XIX, y los protagonistas no son actores de la commedia dell’arte sino artistas del circo criollo.
La versión cuenta con la participación del Coro del Instituto Municipal de Música de Avellaneda dirigido por Pablo Manzanelli y la Orquesta Sinfónica Municipal de Florencio Varela. Darío Domínguez Xodo, titular de la orquesta y director musical de la producción, expresa su entusiasmo: “Es la primera vez que hacemos una producción junto con Sol Lírica. Estamos trabajando muy bien, con un maravilloso elenco, con el trabajo de Pablo Manzanelli y con el Coro, que también es fantástico, y esta posibilidad de ofrecer la ópera en dos municipios, en Avellaneda y en Florencio Varela”.
Sol Lírica. La compañía encargada de la puesta de Pagliacci, durante el ensayo general.
FOTO GUILLERMO RODRIGUEZ ADAMI
En esta segunda mitad del año, destaca el director, la Orquesta multiplicó sus compromisos, entre conciertos sinfónico-corales, el Aplauso final de Iñaki Urlezaga, esta producción y el punto culminante que significará participar de la misa para el Papa. Efectivamente, dos días después de la función en Varela, la Orquesta y su director tocarán, junto a un coro de más de 150 integrantes, en la celebración religiosa en el Monumento de los Españoles junto a León XIV.
Ríe, Pepino
Como dando la razón al payaso Tonio (aquí Juan Salvador Trupia), que en el prólogo de la ópera busca borrar la barrera entre realidad y ficción, aquí los personajes de Pagliacci toman mate y comen chorizos. La cena de Nedda (Natacha Nocetti) y Beppe (Norberto Miranda), que a su vez interpretan en esa parte de la ópera a los personajes de Colombina y Arlecchino, se hace pava en mano, mientras él acompaña la serenata con estampa de payador, hasta que Canio (Pablo Truchljak, Pagliaccio en la commedia) irrumpa enfundado en un poncho para risa –y luego terror, a la luz del desenlace sangriento– de los pobladores que asisten a la función, entre los que está el Silvio de Mauricio Meren.
Florencia Ayos. La responsable de la puesta.
FOTO GUILLERMO RODRIGUEZ ADAMI
También como un reflejo de esta ficción en la que los actores son a la vez hacedores, en Sol Lírica los roles se multiplican a la luz de la pasión: así, Gabriel Vacas, uno de los fundadores de la compañía y aquí productor ejecutivo, hace al mismo tiempo de apuntador en el ensayo, entre las innumerables tareas que cada integrante desempeña.
Florencia Ayos explica que su puesta busca reinterpretar la obra desde el presente. Inspirada en Rita Segato, analiza la violencia de género no como un simple arrebato pasional sino como un mensaje de poder entre hombres para defender su posición en un orden machista. A partir de esta mirada crítica sobre la masculinidad, la directora integró también los modelos de la historia cultural argentina mediante el circo criollo.
-¿Cómo se articulan ambas cosas?
-La ópera de Leoncavallo se estrenó en 1892, en una época que coincide con los orígenes de una tradición teatral muy importante para nosotros. En 1884, los hermanos Podestá habían llevado Juan Moreira al circo, contribuyendo a consolidar una forma de teatralidad popular en la que la figura del gaucho adquirió una presencia central. El gaucho de entonces estaba atravesado por profundas contradicciones, perseguido por la autoridad, desplazado por las transformaciones sociales y políticas del país, pero también convertido en protagonista de relatos populares.
El teatro empieza a construir alrededor de esa figura un imaginario sobre el hombre argentino. Me interesó mucho ese cruce: mientras Leoncavallo pone en escena una comunidad de artistas y un conflicto atravesado por el honor, el deseo y la violencia, en nuestro país comienza a consolidarse una tradición teatral popular que también representa a sus hombres, sus conflictos y sus códigos de conducta.
Ensayo de Sol Lírica en el Teatro Municipal Roma de Avellaneda.
FOTO GUILLERMO RODRIGUEZ ADAMI
Así llegamos al universo rural y al circo criollo. No para trasladar la obra a la Argentina como un ejercicio de actualización, sino para poner en diálogo dos tradiciones teatrales y preguntarnos qué modelos de masculinidad construimos culturalmente, cuáles reconocemos como propios y qué permanece de ellos en nuestra imaginación colectiva.
El concepto visual de la puesta, según la directora Ayos, se inspira en la investigación del circo criollo y el campo argentino decimonónico, recuperando referentes como Los Hermanos Podestá, la pintura costumbrista (de Pueyrredón a Molina Campos) y la pilcha gaucha. Así, mediante un profundo trabajo artesanal en vestuario -a cargo de Sandra Ligabue con tintes naturales- y escenografía (Erika Spinelli), los materiales se integran como parte viva del lenguaje escénico para forjar una identidad visual propia y genuina.
La gauchesca en tiempos de Instagram
A raíz de su investigación en las presentaciones de espectáculos, Ayos arribó al cancionero de Pepino el 88 (1907), que utilizaba el humor para hablar de los conflictos sociales de su tiempo, algunos todavía vigentes. En este Pagliacci dialogan entonces un prólogo gauchesco, obra de la directora con la tradición como referencia, y el prólogo de Leoncavallo; este diálogo se materializa en un clásico duelo cómico entre el payaso criollo (Beppe) y el italiano (Tonio) que redondea el sentido a la propuesta.
Pero incluso los antiguos octosílabos pueden alcanzar nuevas resonancias: como una forma de visibilizar el detrás de escena de una producción lírica, la compañía lleva a sus redes imágenes del proceso de montaje (algo también presente en el argumento mismo de la ópera), que en este caso van acompañadas por textos en la tradición gauchesca. El teatro y la vida, el amor y la muerte, la Italia de Leoncavallo y la Argentina de los Podestá, la realidad y la virtualidad: la ópera, espejo del mundo, nos invita una vez más a resignificarla.
Pagliacci, ópera con libreto y música de Ruggiero Leoncavallo.
Jueves 5 de noviembre, 20:30 hs. Teatro Roma de Avellaneda (Sarmiento 109, Avellaneda). Entradas a la venta por Plateanet o en boletería del teatro.
Sábado 7 de noviembre, 20 hs. Salón Bomberos Voluntarios (25 de mayo 1810 2401, Florencio Varela). Entrada libre y gratuita.
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