A veces, la historia completa un círculo que puede ser casual o estar impulsado por fuerzas más allá de nuestro control. Para Imelda May, una de las mejores cantantes que Irlanda nos ha brindado en esta centuria, ese ciclo se abrió muy pronto, a los dieciséis años, cuando se encontraba haciendo sus primeros pininos en el circuito subterráneo de rock y blues en Dublín. De la nada, emergió un señor con peinado de pájaro, enchufó su guitarra y comenzó a tocar con ellos. Era nada menos que Ron Wood, que se encontraba de paso por la ciudad y no pudo resistir el llamado de la música. Imelda y sus compañeros no daban crédito a sus ojos: un auténtico miembro de The Rolling Stones estaba tocando con ellos, y no solo eso: parecía divertirse mucho.
Desde una oficina en Dublín, Imelda recuerda el momento para Clarín. “No hubo aviso previo -dice-, saltó directamente al escenario, ni lo presentamos. Y yo recuerdo estar tan emocionada que no lo podía creer. Fue un momento culminante, pero fue solo eso, no nos volvimos amigos ni nada por el estilo: fue tan solo un instante mágico”. El tiempo pasó, Imelda creció y se volvió una cantante de renombre por el bochinche que generaron sus álbumes orientados hacia una forma moderna de rockabilly, estilo en desuso a la que su talento le encontró una vuelta de tuerca original para su segundo álbum, Love Tattoo, que fue el primer disco de oro de una larga cadena.
Era la chica del jopo que visitaba a menudo el programa de Jools Holland en la televisión y levantaba al televidente de su silla. Su nombre comenzó a correr y los éxitos se fueron sucediendo. Imelda comenzó a ser invitada por las estrellas a sus escenarios. Uno de los que se fijó en ella fue nada menos que Jeff Beck, guitarrista inglés de máxima veneración.
“Yo estaba de gira con mi banda -retoma Imelda- y éramos soportes de Jeff Beck, que un día me dijo que tenía que conocer a Ronnie Wood, que nos íbamos a llevar muy bien. Para ese entonces yo tendría unos 32 años. Cuando Jeff nos presentó le conté que probablemente no lo recordara, pero que ya nos habíamos conocidos. ¡Y se acordaba de todo! Me dijo: ‘¡Oh, Dios mío, vos eras la chiquita que estaba cantando blues en ese sótano de Dublín. Estuve siguiendo tu carrera y es genial ver que te ha ido tan bien’. Después se dio vuelta y le contó a todo el que estaba ahí que me había descubierto. Yo me reí y le dije que sí, que me había descubierto, pero que no se lo había contado a nadie y que me tuve que hacer de abajo”.
Ronnie Wood junto a The Ammo Band y la irlandesa Imelda May.
Desde entonces se hicieron muy amigos y hoy, Imelda May, es la invitada central del show que traerá a Ron Wood a Buenos Aires por primera vez como solista, recorriendo toda su carrera con temas de su primer banda, The Birds, Jeff Beck Group, Faces y, por supuesto, Rolling Stones. “Ronnie y yo grabamos juntos en un disco llamado Mad Life, un tributo a Chuck Berry, y siempre estuvimos en contacto. Después me propuso que saliéramos de gira, hicimos un tramo corto y nos gustó tanto que Ronnie pidió que lo hiciéramos de nuevo. Y esta gira que estamos llevando adelante la viene pensando desde hace tres años”.
Hubo una interrupción porque en 2021 Imelda grabó su último disco de estudio 11 Past The Hour, donde Wood participó en dos canciones, una de ellas compartiendo el estudio nada menos que con Noel Gallagher de Oasis. “Y cuando íbamos a salir de gira otra vez, a Ronnie lo llamaron de The Rolling Stones, que estuvieron por salir de gira. Pero nunca dudamos de que íbamos a hacer la que nosotros teníamos planeada. ¡Y aquí estamos!” El 6 de noviembre, Ron Wood presentará su espectáculo Fearless (Intrépido) 1965-2025, resumiendo sus 60 años de carrera.
“Estamos muy entusiasmados, nos queremos mucho y nos encanta tocar juntos. Realmente nos divertimos a lo loco y nos respetamos un montón el uno al otro. Amo la pasión que tiene Ronnie por su música, me gusta estar con él; tiene una natural inclinación por la diversión, pero no sin dedicación. No, él se dedica a nosotros; es un perfeccionista y le gustan que las cosas sean exactamente como deben ser”, cuenta.
"Nos queremos mucho y nos encanta tocar juntos. Realmente nos divertimos a lo loco", dice a Clarín Imelda. Foto H.Mountain
Imelda May es una estrella por derecho propio desde Mayhem (Caos), su álbum de 2010, cuyo título después fue sustraído sin aviso por Lady Gaga. Su versión rockabilly de Tainted Love, de Soft Cell es capaz de levantar a los muertos. Pero tras la separación de su marido, Darrell Higham, que era el guitarrista de su banda, Imelda decidió archivar su jopo rockabilly y cambiar de dirección musical. No tanto por su divorcio sino por un consejo de otro de sus amigos notables: David Bowie.
“Nunca pensé -evoca Imelda-, que iba a ser una cantante de rockabilly, arranqué como cantante de blues, y luego canté rock and roll y punk. Pero como artista tenés que cambiar, empujarte hacia otras cosas; no reniego del rockabilly, me encanta y si quisiera podría escribir más de eso, pero me había instalado en un lugar de mucha comodidad, y estar cómodo no es algo bueno. Hubo una noche donde sentí la necesidad de cambiar, y la recuerdo bien: estaba cantando con Jeff Beck en el Iridium y David Bowie se encontraba en la audiencia. Luego vino y dijo que quería hablar conmigo. Nos sentamos y me preguntó: ¿qué es lo próximo que vas a hacer? Y le dije que estaba pensando en cambiarlo todo, y David me dijo que eso era lo correcto. Que cada vez que me sintiera cómoda, nadara más profundo. De manera que tomé su consejo al pie de la letra”.
Ese estado de cosas derivó en un disco excelente aunque muy lejos estilísticamente del estilo característico de Imelda May: Love Life Flesh Blood, de 2017, fue producido por las manos expertas de T-Bone Burnett, aunque no estuvo solo en la tarea ya que el mismísimo Bono de U2 se convirtió en el consejero oficial de Imelda en esa transformación estilística que le dio otro rumbo a su música.
Hace apenas unas semanas, Imelda y Ronnie actuaron en Barcelona. Foto EFE
“Creo que todo el mundo necesita tener cerca a gente que sea honesta en su opinión, no podés estar rodeada de persona que te besen el culo permanentemente; y Bono es esa clase de personas a la que si yo le mando una canción, me va a dar una opinión totalmente honesta. Lo mismo que Noel Gallagher o Gavin Friday (de The Virgin Prunes). Es gente que respeto y admiro porque son compositores brillantes, y son los que no me van a decir que lo que hice es bueno si no lo creen. Dirán ‘seguí trabajando, esta canción no está terminada, le hace falta algo más’. Siempre valoré una crítica constructiva, desde chica; recuerdo bajarme del escenario y que la gente me dijera que era increíble, pero siempre me atrajeron más las personas que me dijeron: seguí trabajando”, remata.
De cualquier manera, nadie dijo que el trabajo no puede alternarse con la diversión, como se verá en el Movistar Arena en noviembre cuando Imelda May tenga su primer contacto con el público argentino junto a Ron Wood y su banda. “Estoy ansiosa por llegar a Buenos Aires. Iba a hacer otro disco, pero decidí salir de gira nuevamente con Ronnie, no me puedo perder esta experiencia de rockear con él. Eso sí, apenas termine la gira me tomaré un tiempo y me pondré a componer”. ¿Quién sabe? Quizás el público descubra a Imelda May, su voz, su carisma, su alegría y se convierta en otra de esas figuras tan queridas por la gente que terminan haciéndose visitantes frecuentes.
POS
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