Hay un momento, en casi todos los velatorios argentinos, en el que alguien se ríe. Nunca es el más cercano al difunto: suele ser un sobrino, un primo segundo, alguien que viene aguantando desde la puerta de la funeraria y que de pronto, frente a un comentario involuntario sobre el café o sobre el finado, estalla en una carcajada que intenta disimular como tos. Los psicólogos le llaman risa nerviosa y la explican como un resultado normal del cuerpo al recibir una carga emocional que no sabe dónde poner, la descarga del modo que tiene más a mano. La risa queda más cerca que el llanto.
Lo mismo ocurre a la salida de la montaña rusa, donde los que gritaron hasta quedarse afónicos bajan muertos de risa, o en cualquier campamento, cuando alguien cuenta la historia del hombre del saco con la linterna debajo del mentón y el que más se asusta es el primero en reírse. El miedo y la risa son parientes cercanos, dos reacciones que comparten el mismo sobresalto y se separan apenas en el último segundo.
La televisión lo sabe desde hace décadas y, ahora que Halloween -una fiesta que nos llegó importada pero que ya se instaló entre los disfraces y las reuniones del 31 de octubre- ofrece la excusa perfecta el género vive uno de sus mejores momentos. Están las series que asustan de verdad y que se miran con todas las luces prendidas. Y las otras, quizás más generosas, que ofrecen el escalofrío y enseguida la salida de emergencia, ese chiste que descomprime justo antes de que el monstruo salte.
Aquí, ocho propuestas donde el terror se toma el trabajo de hacer reír.
La gótica de “Merlina”
2 temporadas, 16 episodios (Netflix)
Si bien hay situaciones que podrían asustar, cada escena pasa por el filtro irónico de Merlina, que mira al horror sin miedo. Ideal para ver en familia.
Tim Burton encontró en la hija mayor de los Addams el vehículo ideal para su melancolía de pastel negro. En Latinoamérica la serie se llama Merlina, y su protagonista (Jenna Ortega) llega a Nevermore, un colegio para marginados sobrenaturales, con la cara de quien soporta una excursión obligatoria. Allí descubre una serie de crímenes, un monstruo que ronda el pueblo y una visión del futuro que preferiría no tener.
Ortega compone a una adolescente que no sonríe, no parpadea y dispara frases mortales con la economía de un francotirador. Catherine Zeta Jones es Morticia, Luis Guzmán es Gomez y Christina Ricci, que de chica fue la Merlina de los '90, aparece del otro lado del mostrador. El miedo está: hay hachazos, criaturas y una mano que camina sola y se volvió personaje de culto. Pero cada escena pasa por el filtro irónico de Merlina, que mira al horror como a un compañero de banco algo pesado. Se disfruta en familia.
Los vampiros de “Lo que hacemos en las sombras”
6 temporadas, 61 episodios (Disney+)
Es una de vampiros, pero más centrada en los problemas de convivencia que en los litros de sangre consumidos.
Cuatro vampiros comparten una casona de Staten Island y no logran ponerse de acuerdo sobre quién lava los platos. Ésa es, más o menos, toda la serie, y ahí está su genialidad. Inspirada en la película de Taika Waititi y Jemaine Clement, se cuenta como un falso documental, con entrevistas a cámara, silencios incómodos y miradas cómplices al lente.
Matt Berry es Laszlo, aristócrata de apetitos descontrolados; Kayvan Novak es Nandor el Implacable, guerrero de ego enorme y criterio escaso; Natasia Demetriou es Nadja, y Mark Proksch hace de Colin Robinson, un vampiro energético que se alimenta del aburrimiento ajeno. Harvey Guillén es Guillermo, el sirviente humano que sueña con ser uno de ellos. El terror está en la sangre, los hechizos y los siglos de rencor, tratados siempre como un problema de convivencia en un consorcio. Un vampiro puede ser inmortal, pero igual tiene que hablar con el vecino.
La caníbal de “Santa Clarita Diet”
3 temporadas, 30 episodios (Netflix)
La mujer que come gente no asusta, pero obliga a su familia a disimular la escena y ahí en donde la serie crece. Y atrapa.
Sheila Hammond (Drew Barrymore) es agente inmobiliaria en California hasta que un día vomita sin control, deja de latirle el corazón y descubre, con una mezcla de culpa y entusiasmo, que ahora sólo quiere comer carne humana. Joel (Timothy Olyphant), su marido, decide que el matrimonio es para lo bueno y para lo malo, y sale a conseguir víctimas aceptables, con un ojo moral puesto en cada candidato.
La hija adolescente (Liv Hewson) y el vecino obsesivo (Skyler Gisondo) completan una familia de barrio cerrado que lidia con una muerta viviente como quien lo hace con una crisis de la mediana edad. La serie de Victor Fresco convierte el apocalipsis zombi en un asunto de pareja: hay sangre a baldazos, miembros sueltos y vísceras de utilería, y la risa llega con cada intento de disimular el desastre ante los vecinos. Es el terror más inofensivo de la lista, porque lo que asusta no es el monstruo sino la vecina que pregunta qué pasa en la casa de enfrente.
La escéptica de “Evil”
4 temporadas, 50 episodios (Paramount+)
Esta extisoa serie que va por su cuarta temporada mezcla iglesia, milagros y demonios. Y el relato está salpicado por un humor que da respiro entre susto y susto.
Kristen Bouchard (Katja Herbers) es psicóloga clínica, madre de cuatro hijas y la persona menos dispuesta del mundo a creer en el diablo. Por eso la contrata la Iglesia: para que desarme con ciencia y cinismo los supuestos milagros y posesiones que se acumulan en sus archivos. A su lado trabajan David Acosta (Mike Colter), un aspirante a cura de fe sincera y deseos muy terrenales, y Ben Shakir (Aasif Mandvi), un contratista que mira todo con la desconfianza de quien paga el alquiler.
El villano tiene cara de oficinista: Michael Emerson es Leland Townsend, un psicólogo que disfruta empujando a los demás hacia el mal. La serie tiene pesadillas de verdad, demonios y criaturas que aparecen cuando uno cree estar solo. Pero también una comedia de pasillo que respira entre un sobresalto y otro, y que hace reír mientras uno se tapa los ojos. Ideal para creer una noche que el diablo tiene humor.
El extraterrestre de “Resident Alien”
4 temporadas, 44 episodios (Netflix)
Cambio de identidad, alienígenas y terror son los ingredientes de esta serie cuyo personaje principal hace reir y temer.
Un alienígena con un plan para exterminar a la humanidad se estrella en las montañas de Colorado, se queda con el cuerpo y el nombre de un médico y termina atendiendo en la clínica de Patience, un pueblo donde todos se conocen. Basada en los cómics de Peter Hogan y Steve Parkhouse, la serie es el espectáculo de un ser de otra galaxia que no entiende por qué la gente dobla la pizza antes de comerla ni por qué lloramos en los funerales.
Alan Tudyk es Harry Vanderspeigle, con una composición que mezcla rigidez y ternura. Sara Tomko es Asta, la enfermera que sospecha de él, Corey Reynolds es el sheriff Mike Thompson y Alice Wetterlund es D’Arcy, la amiga que lo adopta. El miedo asoma en los agentes del Gobierno que husmean, en los cadáveres que llegan a la camilla y en un nene del pueblo, Max, el único que ve a Harry tal cual es, tentáculos incluidos. Cuando la cosa se pone fea, la serie vuelve a refugiarse en el humor seco de Tudyk.
Los farsantes de “Los Espookys”
2 temporadas, 12 episodios (HBO Max)
Los Espookys, un grupo de gente que ofrece serivicio de sustos por encargo. Un festival del humor absurdo.
En un país latinoamericano sin nombre, que parece Chile, México y Venezuela mezclados en un mapa de utilería, cuatro amigos hacen del miedo un oficio. Renaldo (Bernardo Velasco), fanático del cine de terror, arma con Andrés (Julio Torres), heredero de una fábrica de chocolate, con Úrsula (Cassandra Ciangherotti) y con Tati (Ana Fabrega) un servicio de sustos por encargo: falsos exorcismos, monstruos marinos de mentira, maldiciones a la carta.
La serie, creada por Torres, Fabrega y Fred Armisen, que también aparece como el tío Tico, está rodada en español y mezcla el humor absurdo con un diseño visual de colores saturados. El horror es artesanal, hecho con maquillaje, telas y mucha imaginación, y por eso resulta irresistible: los monstruos son de cartón, pero los problemas de los amigos son reales, y la ternura se cuela entre una pesadilla y la siguiente. Es una rareza hermosa, con humor latinoamericano de sobra y un cariño enorme por el género.
La bruja de “Las escalofriantes aventuras de Sabrina”
4 partes, 36 episodios (Netflix)
¿Vivir para siempre o vivir subida a una escoba? Entre esos dos destinos se deabte la protagpnista de esta historia oscura que encuentra gracia en la exageración de todo.
Quien recuerde a Sabrina por la comedia de los '90, con el gato Salem que hablaba y las tías que tomaban té, se va a llevar una sorpresa. Esta versión es una fantasía gótica donde la protagonista cumple dieciséis años y debe elegir entre su vida mortal y su destino de bruja, que pasa por firmar con el Señor Oscuro en un libro negro.
Kiernan Shipka interpreta a Sabrina Spellman con su mezcla de rebeldía y candor. Miranda Otto es Zelda, la tía severa y lúcida, y Lucy Davis es Hilda, la tía de corazón blando. Ross Lynch es Harvey, el novio mortal. El terror es religioso, con aquelarres, sacrificios y Satán en persona. Pero la serie se pasa de rosca con el vestuario, la solemnidad y la teatralidad, y esa exageración es su mejor chiste. Es la más oscura de la lista, pero también la más coqueta, y por momentos resulta imposible saber si hay que gritar o aplaudir.
La reina del campus de “Scream Queens”
2 temporadas, 23 episodios (Disney+)
Chanel (Emma Roberts) entra a la cafetería y amenaza al barista: le exige un café a 200 grados o...
Ryan Murphy y Brad Falchuk, los creadores de Glee y American Horror Story, dieron con una criatura imposible: un slasher (un subgénero del cine) con humor de peluquería. Chanel Oberlin (Emma Roberts) preside la hermandad Kappa Kappa Tau con una crueldad que nunca descansa, y la decana Cathy Munsch (Jamie Lee Curtis), que odia las hermandades, la obliga a aceptar a cualquier aspirante.
Grace (Skyler Samuels) es la nueva, Hester (Lea Michele) es la que lleva un collarín ortopédico y Zayday (Keke Palmer) es la única que parece pensar. Mientras tanto, un asesino disfrazado de Diablo Rojo empieza a eliminar estudiantes con una creatividad que ya quisiera cualquier película de la saga Scream. Jamie Lee Curtis, la reina del grito original, se come la serie con cada línea. Hay sangre, hay cuchillos y hay sustos, pero todo está teñido de un humor tan malicioso que el espanto se parece mucho a una carcajada. Una joya de culto para ver con amigos, pochoclos y las luces apagadas.
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