La Masacre de Flores es una memoria emotiva espantosa. El crimen ocurrió la madrugada del 17 de febrero de 1994 en una casa ubicada en la calle Baldomero Fernández Moreno 1906, en el barrio porteño de Flores. Matías Bagnato es el único sobreviviente del incendio en el que murieron sus padres, sus dos hermanos menores y un amigo de la familia.

El caso fue resultado de una trama de amenazas y venganza que terminó con la condena perpetua de Fructuoso Alvarez González, culpable del múltiple crimen.

Del otro lado del Zoom ahora están Juan José Campanella y el sobreviviente. Ese chico que se hizo conocido a los 16 años, hoy, más de 30 años después, peina canas. Los dos participan del documental que se estreno el jueves 22 de octubre por HBO Max. Campanella figura como productor ejecutivo del trabajo dirigido por Augusto Tejada, pero además aparece acompañando el relato de Bagnatto, la viva voz de una historia que de a poco irá adquiriendo todos los bemoles de la resiliencia.

Participan también familiares, periodistas, abogados, integrantes del tribunal, amigos y otras personas vinculadas con una investigación que traspasó la lógica judicial, incluyó la extradición de Alvarez González a España, una liberación por error, su recaptura y el fallecimiento en 2023 que cerró un círculo de interminable angustia y temor.

Matías Bagnato y Juan José Campanella, en un alto del rodaje de la serie. Fotos HBO Max

-Juan, en principio aprovecho para preguntarte por los Oscar. Quedaste afuera de las nominadas ("Parque Lezama"). ¿Te dolió eso?

No -responde seco, circunspecto, casi intimidante.

Dejamos que pasen unos segundos para ver si piensa agregar algo o si se debe repreguntar.

-No sé qué más querés que te diga -y se ríe.

-Había dos documentales y dos películas entre las cuatro preseleccionadas para el Oscar. Quería saber qué pensabas con lo que está pasando: pareciera que la ficción solo tiene sentido mientras esté basada en "hechos reales".

-Campanella: A mí me sorprendió que hubiera dos documentales, porque los documentales no son elegibles para la categoría. Si hubiera salido uno de ellos como candidato, no habría sido nominado... Pero yo no tuve ningún problema.

Matías Bagnato y Juan José Campanella se conocen "desde hace muchos años".

-¿Cómo fue que te interesaste por la llamada Masacre de Flores?

-Lo conozco a Matías desde hace muchos años, lo conocí a través de la gente de la Tragedia de Once. Yo estoy con ellos desde el comienzo de su reclamo. Con el caso de Matías, yo no vivía en la Argentina cuando ocurrió, pero me interesan mucho todos estos temas de las fallas del sistema judicial. La ausencia de justicia es algo que me preocupa. Y hablando específicamente de Matías, me interesa su resiliencia, su supervivencia y la transformación de sus actos en acción positiva cuando muy fácilmente, y casi lógicamente, podría haber caído en el resentimiento y la idea de venganza. O en otras cuestiones negativas. Desde el lado humano y desde el lado institucional, el caso me interesó muchísimo. No fue que nos contactamos por el documental, sino muchos años atrás.

-Matías, estuve refrescando esa locura. Vos dijiste que en la casa había rejas y que eso resultó casi una trampa. ¿Cómo hiciste para zafar?

-Justo mi habitación y la de mi hermano Fernando, de 14 años, quedaban al frente de la casa y en ese momento, por un tema de estética, calculo que mis viejos no habían puesto rejas en esas ventanas. La parte del fondo sí tenía rejas, pero cuando uno ve cómo quedó la casa, creo que la única explicación que puedo encontrar es que simplemente me tenía que salvar. Mi hermano, que tampoco tenía rejas en la habitación, pobrecito, se despertó antes que yo y corrió adonde estaban mi mamá y mi papá. Lo que haría cualquier chico. El pasó por el hall y yo no pude porque ya estaba todo en llamas. Si hubiera pasado, me habría sucedido lo mismo que a Fernando.

"A mí lo que me interesó es poder tener una mirada de afuera que ordenara los énfasis", le dijo Campanella a "Clarín".

-¿Volviste alguna vez, en estos 30 años, a pasar por la casa de la calle Baldomero Fernández Moreno?

-Sí, muchas veces, porque tengo amigos de la infancia que viven ahí. Amigos del barrio. Primero tuve que volver, no por una elección propia, sino porque la Justicia me pidió que volviera al lugar. Que volviera al lugar siendo un chico de 16 años, en esa situación, para la reconstrucción y la inspección ocular. Eso para mí fue terrible. Un procedimiento que se hace in situ, en el mismo horario del crimen. Nunca me sentí cuidado por la Justicia y es como dice Juan: yo podría haber salido para cualquier lado.

Los primeros capítulos ya están disponibles en HBO Max.

-¿Qué hay ahora donde estaba tu casa?

-Está la misma casa, prácticamente todo igual. La vendimos con mi abuela, pero el cimiento se mantuvo casi intacto y recuerdo que quien nos la compró era un maestro mayor de obras joven, que la refaccionó y quedó prácticamente igual. Es más, al día de hoy pasás por ahí y está el mismo portón del garaje, el portón original, donde se pueden ver las marcas que quedaron del humo.

-Perdón: ¿alguien quiso ir a vivir ahí?

-Increíble, sí, lo hablamos con mi abuela en su momento. Una de las cosas que me acuerdo es que nosotros dependíamos de vender esa casa para comprar otra donde vivir y lo que hablábamos en aquellos días era justamente eso: ¿quién va a querer vivir en este lugar? Tuvimos la suerte de que un matrimonio vio la posibilidad, supongo que económica, y la casa se vendió al año y pico. Fue muy rápido.

-Juan, vos llevás el documental siendo algo así como el interlocutor de Matías...

-En este punto tengo que mencionar la dirección, porque por mi presencia se puede creer que lo dirigí y es injusto para Augusto Tejada. A mí lo que me interesó es poder tener una mirada de afuera que ordenara los énfasis, la estructura. Por más que sea un documental, es una obra narrativa que se rige por el interés, el conflicto. Yo soy montajista de oficio, en mis comienzos trabajé mucho en documentales de casos policiales y sé que mucho del documental no es solo poner las cámaras para los reportajes, sino el montaje. Mi participación fue dar mi opinión, ver los cortes, pero sobre todo elegir a la gente correcta para hacer el trabajo.

Matías Bagnato lleva ofrendas al cementerio.

-Matías: Quería resaltar que la participación de Juan en este documental es en un rol que uno no está acostumbrado a verlo. Al conocer a Juan no como profesional sino como persona, me daba mucha tranquilidad. Poder tener esa conversación con él me ayudó a repasar lo sucedido de otra manera. En este caso no él fue el director, sino que charló conmigo desde un lugar muy humano.

-¿Aparece una hipótesis nueva, alguna revelación relacionada con el caso o la investigación?

-Matías: ¿La causa? Lo rico que tiene este formato de true crime, al repasar los 30 años que pasaron casi cronológicamente, era la necesidad de contar la historia y de contar cómo fue seguir adelante y haber logrado transformar algo tan horrible. El caso policial, a diferencia de otros casos, esa incertidumbre del true crime de si fue o no fue, acá no pasaba por ahí. Va más allá del true crime. La causa no tenía muchas cosas para descubrir, pero lo rico del documental es todo lo que pasa más allá del hecho en sí.

-Campanella: El crimen en sí es el primer acto, donde la historia comienza. Lo más importante son los 30 años siguientes.

-Matías, vos contaste que el asesino los llamaba por teléfono y que a veces atendías vos o tu hermano y que ustedes lo tenían identificado como “el monstruo”. La pregunta es: ¿hubo amenazas previas a lo que finalmente ocurrió y los adultos de la casa no se las tomaron tan en serio?

-Yo creo que nadie se podía poner en la cabeza de un psicópata. No entra en la cabeza de nadie prender fuego a una casa con criaturas adentro. En ese sentido, ninguno era consciente de que podía llegar a tanto. Había un miedo latente en casa, continuo, particularmente yo tenía ese miedo con mi papá, pero en la fábrica. Nunca me imaginé que esto podía pasar en mi casa. Creo que si se minimizó es porque no entraba en la cabeza de nadie. Pensar que puede existir tanta maldad en un ser humano como para llegar a ese punto...

-¿La amenaza era "voy a quemar la casa"?

-Siempre era el fuego de por medio. Todo el tiempo. La amenaza, cuando me la hacía a mí, era usando una técnica de distorsionar la voz y siempre relacionado con el fuego: "Se quemaron". "Están todos muertos". Después se supo que tenía un lado piromaníaco. El fuego le daba placer.

POS