El muy querible Claudio María Domínguez, gurú espiritual con programa de tele enfocado en la vida sana, en otra existencia fue niño prodigio -ganando el premio mayor en Odol Pregunta- y en otra supo ser un astuto mercachifle vinculado al mundo del cine. Agarraba películas de porquería, les cambiaba el título y las convertía en éxitos.
Sus aventuras como dueño de una modesta distribuidora radicaban en comprar lotes y ver qué traían. Así pudo dar como Rumble Fish, de Francis Ford Coppola. La película acá no se tradujo como "pez peleador" o algo parecido, sino como La ley de la calle. Por supuesto que Coppola es Coppola, pero el director de El Padrino igual le mandó un telegrama de agradecimiento al "Estimado Sr. Claudio" por las 107 semanas en cartel, gracias a un alias que marcó todo un récord de permanencia para ese filme de 1983.
Querida Julia (Julie Darling) es el nombre de fábrica de un policial que el mismo Domínguez describe como "una película canadiense absolutamente intrascendente y Clase B". Se estrenó en la Argentina hace 40 años y vivió un equívoco de popularidad tan grande que muchos se animan, todavía hoy, a meterla en la misma bolsa de clásicos del cine XXX como Garganta profunda o Emmanuelle, con Sylvia Kristel.
"Julie Darling vino en un paquete del que sólo nos interesaba Simplemente Sangre, de los Hermanos Coen. Julie Darling era un filme típico para la calle Lavalle que, con un título como Venganza en la noche o Ultraje a la madrugada, hubiera funcionado bien un par de semanitas”, contó Domínguez en una vieja entrevista.
En 1986, nuestro país cursaba su tierna infancia democrática. Tres años antes, el director Paul Nicholas filmó Julie Darling, uno de esos thrillers psicológicos que parecían calcados y no hubieran merecido más que un telefilme. La picardía del ex Chico Odol fue rebautizarla como Déjala morir adentro.
El gurú Claudio María Domínguez es el simpático responsable del título "Déjala morir adentro". Archivo Clarin.
Harto de la censura
Domínguez, intelectualmente muy rápido, a los nueve años había ganado fortunas en el concurso más importante de la televisión contestando sobre Mitología Griega y Grecorromana.
"Estaba harto de la censura", dijo en su momento. "Yo conocí al censor Tato, el entonces director del Ente de Calificación Cinematográfica". El verdadero hombre manos de tijeras, Miguel Paulino Tato. "La censura continúa, siguen las prohibiciones", denunciaba por esos días del estreno en la revista Libre. La nota ochentosa es imperdible.
La película se llamaba "Julie Darling" y la distribuidora le cambió el nombre a "Déjala morir adentro".
-Dame un ejemplo de esas porquerías que distribuís.
-Una de ellas es La Potra, con Joan Collins. Otra, La dama solitaria, de Harold Robbins. Pero en el rubro joyitas tuve Simplemente Sangre, La ley de la calle y El Decamerón de Pasolini.
Domínguez recuerda que Déjala morir adentro es su película “especial”. Cada vez que le preguntan por su época de distribuidor, este tema no pasa inadvertido. “El aviso podía salir en Canal 13, pero no en Canal 11. Entonces dije: vamos a hinchar a todo el mundo. Vamos a mostrar nuestra rebeldía al gremio y causar un pequeño escándalo. Y entonces puse ese título".
El equívoco más exitoso
Déjala morir adentro se estrenó en el cine Ambassador de la calle Lavalle, entre Maipú y Suipacha. En su primera semana se llenó de "valijeros", como se le decía a los oficinistas que iban a las salas condicionadas del microcentro porteño (¿quedará alguna?).
Adentro terminó siendo un adverbio fascinante. Podría haber sido "adentro" y tratarse de folclore. Pero nadie pensó en zambas y chacareras. La connotación sexual transformó una de suspenso común y silvestre en un ominoso rechazo de las salas comerciales. Además, se entrometió la Comisión de Moralidad de la Municipalidad de Buenos Aires. Sólo aceptó la exhibición, pero calificada como "apta para mayores de 18 años".
Clarín hizo la crítica de "Déjala morir adentro" apuntando a la controversia por el título.
La carga de censura que trajo aparejado el título fue el combustible espiritual que Domínguez andaba esperando. Durante la primera semana hubo 20.000 espectadores. Estuvo en cartel un año.
Los malpensados de siempre
Sobre como se le ocurrió el título, Claudio María Domínguez contó: "¿Me decían vos estás loco, vos estás enfermo? Vamos a ir todos presos", recordó. "Ustedes son unos malpensados de miércoles -decía ante las consultas-. Es: dejá morir la ilusión dentro de tu mente. O: déjala morir a la chica adentro de la casa. O Dejá morir la fantasía de lo que vos creías que era la vida, sé libre, sé profundo", ironizaba. Ese título legalmente lo podía pelear. Dicho y hecho". La metáfora poética fue respetada.
La televisión prohibió el aviso. Hubo que cambiar los afiches callejeros. En las radios no hablaban de ti. Se estrenó el verano de 1986 y compartió cartel con Volver al futuro, El honor de los Prizzi, Desaparecido en acción y Rocky IV. Clarín hizo la correspondiente crítica del estreno: "El título miente, pero el filme no". Y, contra todos los pronósticos, narró la historia policial y patológica de una adolescente que siente un cariño inmenso por su padre.
Julie Darling o Déjala morir adentro se puede ver completa y subtitulada en YouTube.
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