Carolina Álvarez llegó al Festival de San Sebastián rodeada de nombres que podían hacerla pasar inadvertida. A un lado tenía a Mercedes Morán, Dolores Fonzi y Alejandra Flechner; al otro, al director chileno Pablo Larraín y a Mariana Enriquez, una de las escritoras argentinas con mayor alcance internacional. Sin embargo, cuando terminó la primera proyección de Mis muertos tristes, también hubo miradas para ella.

La miniserie tuvo allí su estreno mundial -fue presentada en forma de largometraje de 187 minutos- antes de desembarcar en Netflix y fue bien recibida por parte del público. Para Álvarez, que hasta entonces había tenido pequeñas participaciones en televisión y todavía era mucho más conocida por sus redes sociales, la experiencia significó un cambio de escala: pasó de buscar un lugar en la industria a presentar en uno de los festivales de cine más importantes de Europa un proyecto en el que ocupa un papel central.

En Mis muertos tristes, la actriz interpreta a Julie, la sobrina de Ema, el personaje de Morán. Es una joven que llega desde los Estados Unidos junto a sus padres, interpretados por Flechner y Germán Palacios, y que comparte con su tía una particular capacidad para vincularse con los muertos.

Su interpretación fue ovacionada en el festival, poniéndola en el radar de la prensa y los críticos más prestigiosos del mundo. Y aunque recién ahora llegó a ponerse en el centro de la escena, lleva varios años peleando por un lugar en la industria del entretenimiento.

Carolina Álvarez junto al director y las protagonistas de "Mis muertos tristes" en San Sebastián. Foto: EFE.

Una actriz que encontró primero su público en las redes

Álvarez nació en Córdoba, aunque desde los cuatro años vive en Buenos Aires. Su infancia no fue fácil. Cuando era chica sufrió abusos por parte de su padre. Apenas tomó valor para contárselo a su madre, ella decidió separarse definitivamente y ambas se fueron a vivir con los abuelos de la actriz.

Su interés por la actuación apareció durante la adolescencia: empezó a estudiar teatro a los 16 años y poco después comenzó a presentarse a castings. Aunque, según contó en varias oportunidades, abrirse camino no fue fácil. Para la mayoría de los productores, una mujer que llegó a pesar 189 kilos no era una persona atractiva para TV, cine o pasarelas. Pero ningún "no" pudo frenarla.

Alejandra Flechner, Mercedes Morán, Dolores Fonzi y Carolina Álvarez vistieron, en su paso por San Sebastián, un kimono con la leyenda "Las Malvinas son argentinas".

Sus primeros pasos profesionales fueron pequeños. Consiguió participaciones menores en ficciones como Educando a Nina, mientras continuaba su formación y sumaba experiencia en teatro. También trabajó como modelo de diversas marcas para talles grandes.

Y a pesar de que intentó instalarse durante años en esos espacios, su gran salto a la popularidad no fue gracias a la TV ni al cine, sino a las redes sociales.

En 2022 se volvió viral por una serie de sketches humorísticos protagonizados por personajes que rompían con un estereotipo habitual. En lugar de interpretar a la mujer gorda insegura, rechazada o utilizada como remate de un chiste, Álvarez encarnaba mujeres desenvueltas, seductoras y seguras de sí mismas.

Esos videos se volvieron furor en TikTok y otras plataformas y terminaron convirtiéndola también en influencer. Su físico, lejos de ser algo que intentara esconder para conseguir trabajos en una industria históricamente atravesada por determinados cánones de belleza, pasó a formar parte de su identidad pública y de un discurso contra la gordofobia.

Esa exposición le permitió construir una comunidad propia mientras seguía buscando oportunidades como actriz. En 2023 estrenó Mala pecadora, un unipersonal en el que combinó humor y experiencias vinculadas con el sexo, las relaciones, las aplicaciones de citas y la vida en un cuerpo no hegemónico.

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El reclamo por las Malvinas llegó a San Sebastián

La pantalla, mientras tanto, empezó a darle espacios más visibles. En 2025 apareció en la segunda temporada de División Palermo, la premiada comedia creada por Santiago Korovsky para Netflix. Era todavía una participación pequeña, pero la acercaba a una plataforma a la que regresaría poco después en circunstancias muy distintas.

El salto en San Sebastián

Mis muertos tristes significó su primer papel de verdadera exposición internacional. La producción adapta el universo de tres relatos de Mariana Enriquez y tiene detrás a Larraín, el director chileno de películas como Jackie, Spencer y María, las biopics sobre Jacqueline Kennedy, Lady Di y Maria Callas.

Julie, además, le exigió un trabajo diferente al que había mostrado hasta entonces. El personaje atraviesa situaciones de fuerte intensidad emocional y protagoniza algunas de las secuencias visualmente más complejas de la miniserie. .

Carolina Álvarez fue ovacionada en San Sebastián por interpretar a Julie en "Mis muertos tristes". Foto: EFE.

También aparece en escenas que muestran su cuerpo sin esconderlo ni convertirlo en un acontecimiento. Esa decisión conecta, casi inevitablemente, con el recorrido que había construido antes de obtener el papel: la actriz que se hizo conocida reclamando otros lugares para las mujeres de contextura grande terminó encontrando uno en una producción internacional en la que su peso no determina quién es su personaje.