Fito Páez dio cátedra el martes 22 de septiembre en el programa de Mario Pergolini. A esta altura, el tipo es una especie de ecualizador de la mente, alguien que va más allá de cualquier ligereza con olor a propaganda política. Parece hablar desde una especie de ontología, de algo esencial que está por encima de la runfla. El problema es que la runfla no sabe leerlo como corresponde y prefiere usarlo para los fines prácticos de la grieta.
Fito Páez estuvo en Otro día perdido (Eltrece) y dejó la impresión de que vale la pena aprovecharlo en más de un sentido. "Hay subgéneros musicales que fueron usados para detener el alma humana. No lo voy a tolerar y voy a pelear hasta el último día de mi vida para que la belleza siga reinando en este mundo".
Cuando Pergolini quiso indagar sobre el affaire Malvinas. el invitado no se manifestó a favor o en contra, sino que habló de "un tema permanente" con salvedades: la defensa de un país debe estar en manos de profesionales, dijo. "Se estudia y se prepara eso. ¿Qué pensás? ¿Que los que vinieron a Malvinas eran soldaditos?".
La voz propia
Fito Páez y Mario Pergolini, en "Otro día perdido", en un programa con música y definiciones.
A diferencia de Lali Espósito, que todo el rato parece decirnos que el artista depende de la elección de ideas, Páez cree que el sentido de un artista, te guste o no, es la voz propia. "Para mí es importante mantener la tradición de la música argentina. La música es la memoria emocional de un pueblo (...) No hay batalla cultural porque no tenés soldados, no tenés nada". Por supuesto que el remate apunta a Milei y queda un poco descolgado. ¿Y? ¿Qué problema hay? ¿O ni siquiera estamos preparados para un conflicto tan mainstream como el de la política?
Pergolini, este Pergolini maduro que ya no se comporta como el más rápido del Oeste, se permite la nostalgia y le arrima a Fito -Fito al piano, pelo revuelto, barba y una sexta década atravesada a pura vitalidad-, le arrima, decíamos, la posibilidad de sentir que verlo ahí sentado es como contemplar una parte de la historia que ya fue.
Desliza todo eso de los vinilos reivindicados, que Charly García... y por fin llega la pregunta metafísica: ¿"Dónde está donde estuvimos?". El músico no duda un segundo: "Acá está", dice señalándose el lugar donde se aloja el alma.
Mapa de tu amor
Y dice también que se siente "muy responsable" de todo lo que heredó, trazando un mapa sentimental que pasa de Charly García, Spinetta y Litto Nebbia al Cuchi Leguizamón, Atahualpa Yupanqui, Pascual Contursi, Los Hermanos Ábalos y más.
Menciona un capital simbólico de la patria y duda, sin hacer nombre propios, de Duki o de que la novia de Rodrigo de Paul puedan, a futuro, aumentar la nómina de buenas reputaciones.
Fito Páez es de esa gente que está entre nosotros por lo que hizo. Pertenece a una elite que incluso muerta, y solo por su obra, da muestras sobradas de que la posteridad es algo real. Sus actuales intervenciones suenan más interesadas en sanar que en confrontar. Integra el podio imaginario de estrellas del rock donde salen de memoria los puglieses de siempre: Spinetta, Charly, Cerati, Calamaro.
Fito Páez, en la tele. Con más ánimo de sanar que de confrontar.
Lo viejo funciona
Todos cantautores, personas con voz propia. Calamaro está muy atento a eso y hasta se toma el incómodo trabajo de pensar distinto. Fito lo mismo, o peor: si ahora la onda es volver, si avanzar es saber retroceder, Páez saca discos con material nuevo. Oasis fue el acontecimiento global del año pasado: recitales con canciones compuestas en 1994 que los Gallagher sólo tenían que recordar.
Hace poco Fito sacó no uno sino dos discos nuevos, y cuando quiso cantar sus canciones más recientes, el público -¡parte del público que pagó para verlo en el Movistar- lo abucheó en una reacción que se volvió viral.
La gente no quiere escuchar canciones nuevas porque no quiere escuchar a secas. Los conciertos de ahora -Oasis nos lo enseñó- están diseñados para cantar, formar parte, sentir que uno pagó la entrada como protagonista y no como espectador.
Y ahí estuvo Fito haciendo un minishow íntimo y hablando en la vieja televisión de aire. Pergolini lo escuchaba sin interrumpir. Ninguna de esas canas lo convierte en sobreviviente. Páez ocupa un sillón de la Academia. Muchos años entre nosotros. Una reelección indefinida desde la década del '80, más allá de tiranías y democracias.
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