Este lunes 21 de septiembre, el Palacio Libertad será el marco de un hermoso encuentro de dos culturas, aparentemente lejanas, que pertenecen a dos países separados por una distancia de más de 13.000 kilómetros.

La Embajada de Armenia en Buenos Aires celebra el 35° aniversario de su independencia con un festejo abierto y gratuito que incluye artistas de ambas nacionalidades y que interpretarán danzas, canciones y temas instrumentales tanto armenios como argentinos.

Y un bonus-track: los primeros bailarines del Teatro Colón Natalia Pelayo y Matías Santos harán el dúo del ballet Espartaco, de Yuri Grigoróvich con música de Aram Khachaturian.

"Figuras armenias", creado por el coreógrafo Karén Gevorgyan especialmente para el Ballet Folklórico Nacional en 2022, y que sube este lunes a escena por primera vez. Foto Emmanuel Fernández

En 2022, un coreógrafo armenio llegó a Buenos Aires

Dentro de este variado programa, hay un estreno absoluto: Figuras armenias, creado por el coreógrafo Karén Gevorgyan especialmente para el Ballet Folklórico Nacional en 2022, y que sube este lunes por primera vez a escena.

Esta cronista fue testigo de uno de los ensayos de 2022, que ocurrían en el Centro Nacional de la Música en el barrio porteño de San Telmo.

Karén Gevorgyan en su visita de hace cuatro años.

En aquel montaje, Gevorgyan tenía como asistentes a su propia esposa y a Vagram Ambartsoumian, que nació en Armenia, llegó a la Argentina muy joven y formó parte durante muchos años del Ballet del Teatro Colón.

Aun contando con la colaboración de sus asistentes, Gevorgyan -que cumplió 60 años en 2025- se ponía activamente al frente de estas danzas tremendamente vigorosas, con saltos y desplazamientos sin duda extenuantes.

Parecía como si no pudiera resistirse al júbilo de bailar; tampoco parecía cansarse. Y cuando se unía a las escenas de las mujeres, se movía con una delicadeza subyugante.

“Bailo todos los días”, diría luego al comenzar la entrevista.

Karén Gevorgyan no pudo viajar esta vez, pero sigue con su ritual de danza diaria. Foto Fernando de la Orden

Armenia y su cultura milenaria

Poco conocemos de ese pequeño país situado en Europa Oriental, que tiene hoy 3 millones de habitantes e innumerables armenios en la diáspora. Pero dentro de ese escaso conocimiento sabemos seguramente de su tragedia inenarrable: el genocidio cometido por el gobierno de Turquía en 1915, que mató a un millón y medio de personas y estuvo cerca de aniquilar su cultura milenaria. En cuanto a sus danzas, se remontan a no menos de dos mil años antes de Cristo y se encuentran entre las más antiguas del mundo.

Karén Gevorgyan no es sólo coreógrafo y maestro, sino también investigador y recopilador de bailes tradicionales de todas las regiones de su país: “Se conservan -decía en aquel momento- incluso entre los niños y los jóvenes. Se transmiten por la sangre.”

El encuentro de este lunes a las 20 será con entrada gratuita, hasta colmar la capacidad de la sala. Foto Emmanuel Fernández

El conjunto de danzas Berd, que Karén Gevorgyan dirige, había sido fundado por su padre y hoy baila en ella su propio hijo: una continuidad de tres generaciones que permite esa preservación de las tradiciones que en Armenia -un país que tiene una gran homogeneidad étnica- es constitutiva de la identidad nacional.

Karén: “Trabajé en más de cuarenta países, pero Armenia es el lugar donde me siento en paz. Los armenios somos francos, hospitalarios, trabajadores y vivimos en el mismo territorio desde siempre. Hay países que copian costumbres y valores de otros. Nosotros no lo necesitamos”.

-¿Esto quiere decir que la globalización no llegó a Armenia?

-Llegó y se fue.

Dos mil danzas (y pico)

Las danzas folclóricas armenias son innumerables, se calcula que más de dos mil, y están agrupadas en familias y subfamilias: hay danzas militares, danzas de mujeres mayores dedicadas a los seres que ya no están y también otras dedicadas al carnero, un animal que se adoraba en la época precristiana.

También hay danzas consagradas al comienzo de la primavera, danzas a los árboles y otras que imitan a los pájaros. El carácter también varía mucho: hay bailes ceremoniales, humorísticos y líricos, así como bailes en parejas y danzas solistas, que son más antiguas que las colectivas; no se sabe desde cuándo existen, pero se supone que son tan antiguas como el propio pueblo armenio.

Decía Karém en aquella entrevista: “Hace medio siglo que bailo y recuerdo vívidamente la primera vez que subí a un escenario. Tenía cuatro años y desde entonces y hasta hoy nada ha terminado. Para mí la danza es el infinito, tiene un principio, pero no tiene fin”.

Y concluía: “Si preguntan a cualquier armenio cuáles son los tres países amigos de Armenia, uno de los que nombrarán será sin duda la Argentina. Fue uno de los primeros en reconocer el genocidio armenio y nos parecemos”.

Volver a las raíces

Como Karén no pudo regresar en 2026 a la Argentina, fue su asistente de 2022, Vagram Ambartsoumian, el encargado de reponer la obra para el estreno de este próximo lunes.

Vale la pena detenerse, aunque sea sintéticamente, en el recorrido de Vagram, para luego ocuparse de la tarea que viene realizando con el Ballet Folklórico Nacional.

Vagram se formó desde niño en el Instituto superior de ballet de Armenia, y muy tempranamente ya trabajaba con dos compañías de danza. Bailar no era tanto su deseo -le gustaba más el deporte-, pero sus padres decidieron que podía ser bailarín. La vocación -dice ahora- apareció después

En 1994 -tenía 22 años-, empujado por la difícil situación económica de su país, emigró a la Argentina. Al poco tiempo de llegar pidió permiso para tomar las clases diarias del Ballet del Colón, luego entró por un tiempo breve al Ballet del Teatro Argentino de La Plata y finalmente, gracias a un concurso, al propio Ballet del Colón.

En un momento de su carrera en el Colón comenzó a trabajar también como maestro y ensayista, tareas que continuó cuando Julio Bocca asumió la dirección del Ballet. Pero desde que su hija está estudiando en una muy importante escuela de ballet en Alemania, Vagram decidió retirarse y así estar libre para ir y venir.

Entre los innumerables roles que interpretó en el Teatro Colón, habría al menos que destacar su Hilarión en Giselle, y su Príncipe Gremin en el maravilloso ballet Onegin. Era el rol del marido de la protagonista Tatiana, encarnada en Marianela Núñez.

La última vez que subió al escenario del Colón fue en 2025 para bailar el Adagio de la rosa del ballet “La bella durmiente”, también interpretado por la inefable Marianela.

Y ahora volvamos al presente, con las palabras de Vagram:

El trabajo de reponer la obra montada por Karén Gevorgyan con el Ballet Folklórico Nacional es vivido por Vagram como una gran alegría y un gran honor.

-La coreografía que creó Karén, ¿es una estilización de danzas tradicionales?

-Sí, estilizada para que pueda verse en un escenario. Él parte siempre del folclore, pero le da un enfoque personal. Incluso su propia enorme energía como bailarín lo inspira para recrear estas danzas.

-Después de cuatro años de haber aprendido la coreografía, ¿los intérpretes del Ballet Folklórico Nacional pudieron reaprenderla rápidamente?

-Fue una reposición muy fácil y muy placentera. En estos últimos ensayos estamos profundizando en detalles y matices. Es lógico: nunca bailaron el folclore armenio y aunque los pasos los dominan perfectamente, hay que incorporar también el estilo. Pero es una compañía tan extraordinaria que no cabe duda de que lo van a lograr.

-Vagram, vivís en la Argentina desde hace más de 30 años; dos de tus tres hijos son argentinos y perteneciste un largo tiempo a esa gran institución que es el Ballet del Colón. ¿Qué sentís en este regreso a tu raíz armenia?

-Amo a la Argentina, a la que le debo tanto. Pero te respondo con esta frase de un poeta armenio: “Vayamos donde vayamos, tenemos siempre un pie hundido en las nieves del Monte Ararat”.

Info

Lunes 21 de septiembre a las 20 en el Auditorio del Palacio Libertad, Sarmiento 151. Entrada libre y gratuita hasta completar la capacidad de la sala.