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El impresionante recibimiento a River en Mar del Plata tras la caída en el Súper

    Para entender el concepto de apoyo en las malas, alcanza una imagen más que cualquier reflexión filosófica o sociológica. Las bengalas, el humo rosáceo flotando en la atmósfera marplatense. Sol, arena, fuegos. River llegando en su micro desde el aeropuerto Astor Piazzolla después de una dura derrota en el superclásico. Y sus hinchas locales vitoreando. Gritando. Alentando. Explotando en cuero, con sus camisetas al viento a horas del último partido de la fase regular del Clausura que está llegando a su fin. Dándole paso a los playoff y al sueño de campeonar para borrar la mala de un olvidable 2026.

    Gritos. Hits de tablón históricos. Las cañitas voladoras iluminando el cielo. Los jugadores observando por las ventanillas mientras los elegantes botones, de galera, intentan guiar al chofer a la explanada del hotel. Una postal que no haría match con un momento difícil si no se tratara de la pasión más grande que viven los argentinos. De ese modo arribó River a su alojamiento.

    Una parada clave pensando en las copas

    Correa, firmando en Mardel (imagen TV).

    El sitio en el que pernoctará a la espera de un mano a mano que decidirá cuán arriba termina en la anual, a la espera de meterse en la Sudamericana e iniciar su tránsito hacia el título y la Libertadores, que depende de una vuelta.

    Así llegó River. Aunque no quedó ahí: como suele pasar en los viajes al Interior, los jugadores se acercaron al vallado perimetral para firmar camisetas, para tomarse selfies. Nico Otamendi y Ángel Correa fueron los primeros en llegar al límite geográfico del hotel, donde los fanas se agolpaban para lograr un click, una firma, un saludo que quedará para siempre en su corazón o en algún video registrado.

    La mayoría, de su lado del retén; una niña gambeteadora, hábil para escurrirse, incluso llegó a quedar mano a mano con el General para pedirle en exclusiva una firma en su camiseta.

    Un mimo necesario tras el golpe en el clásico

    Fue un mimo para un plantel que sintió el golpe de caer en la Bombonera, controversias arbitrales aparte. Y que tuvo además entre los convocados a Lucas Martínez Quarta y Gonzalo Montiel: aunque están desafectados por sus expulsiones en la cancha de Boca, ambos viajaron con el grupo.

    Líderes puertas adentro al igual que Otamendi, primer capitán, y Marcos Acuña o los refuerzos Almada y Correa, eligieron seguir estando. Formar parte de un plantel que necesita retroalimentarse de buenas vibras y de unión para llegar lo más lejos posible.

    Los hinchas en Mar del Plata por lo pronto hicieron lo suyo. Con una locura increíble coparon las calles de MDQ para ver a sus ídolos. A los que no les está yendo bien, es cierto, pero que decidieron apoyar para ir en busca de una victoria que siga nutriendo las buenas métricas de Leonardo Ponzio, y que ayude a que ese objetivo internacional se consiga. Para dejar atrás lo malo. Y que, como el cielo bonaerense lo hizo luego de la artillería pirotécnica, se despeje el horizonte y lleguen las buenas. Que ya van a venir, como se escucha en el hit.