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José Luis Gómez con Olé: "Puedo decirles a mis hijos que jugué con Messi", "tuve miedo manejando UBER", "vivo al día" y "la vida me enseñó a luchar"

A sus 33 años, el lateral recuerda su paso por la Selección den Messi, repasa sus dramas y quebró en llanto al recordar a su mamá. Hoy, en la liga regional de Santiago del Estero.

    Mira hacia arriba como si buscara perforar el techo de su casa y llegar hasta el cielo. La voz se le entrecorta. Los ojos se le inundan. Sorteó un montón de barreras, pero hay una que no pudo superar. " La pérdida de mi mamá fue el golpe más duro de mi vida. Y ella, junto a mis hijos, mi papá y mis hermanos, es la que me sigue motivando todos los días", se emociona hasta las lágrimas José Luis Gómez en charla con Olé.

    Por ese empuje de su familia, justamente, dio marcha atrás en una decisión que había tomado en caliente, bajo el peso bestial de la frustración. Esto posteaba allá por marzo: "Hoy llega el día más duro de mi vida. Me toca decirle adiós al fútbol a mis 32 años. Hasta acá llegó este amor. Las cosas no se dieron como uno esperaba, pero toca ponerle el pecho a lo que viene".

    En 2007 jugó dos amistoso con Messi: ante Brasil y Singapur. (FOTO: Instagram)

    Ocho meses más tarde, el lateral por la derecha conversa, a través del monitor, con el orgullo de ser jugador de Central Argentino de La Banda, en su Santiago del Estero natal. Muy lejos quedaron los dos amistosos con Lionel Messi en la Selección de Sampaoli en 2017, su ilusión de ir al Mundial de 2018, la final de la Libertadores con Lanús aquel año, los tres títulos con esa camiseta (torneo local, Copa Bicentenario y Supercopa Argentina), los surcos que dejaba en el costado derecho...

    Hoy juega en un Torneo Regional que le deja algunos mangos por mes. Vive al día, pero feliz de seguir jugando a la pelota. Los tiempos de lesiones, la época arriba de un UBER, los problemas de salud y las angustias forman parte de su aprendizaje.

    Hoy juega en Central Argentino de La Banda, en Santiago del Estero.

    "Acabamos de clasificar a los cuartos de final. Hoy me toca estar acá, disfrutando de volver al club de donde salí. Tengo un sueldo. No es como en los clubes grandes del fútbol argentino, pero alcanza para manejarse. Algo entra y se puede vivir de esto", cuenta el defensor que surgió de Racing y también pasó por San Martín de San Juan en dos ciclos.

    En la concentración, José Luis le regaló a Messi una casaca de Lanús.

    -Mucha gente se quedó con tu mensaje del retiro. ¿Por qué tomaste aquella determinación en marzo?

    -Venía sin club, esperando oportunidades que aparecían y después se caían, generalmente por cuestiones económicas o porque dudaban de mi estado físico por las lesiones. Fueron muchos intentos frustrados y eso te desgasta psicológicamente. En un momento pensé que ya había llegado hasta ahí. Fue una decisión tomada desde la tristeza y el enojo porque las cosas no salían.

    En acción frente a Brasil.

    -¿Cómo reaccionó tu familia?

    -Había decidido eso sin consultarle a mis viejos ni a mis hijos. Después uno se da cuenta de que ellos son los que siempre están. Mis hijos fueron una motivación enorme para seguir intentando. Si no juego al fútbol, se me hace difícil porque es lo que realmente me gusta hacer.

    Con uno de sus hijos.

    -Mientras estabas sin club trabajaste de Uber. ¿Cómo fue esa experiencia?

    -Lo hice porque necesitaba generar ingresos para mantener a mis hijos y ayudar a mi familia. Me tocó recorrer lugares muy complicados de Buenos Aires. Uno sale a buscar la moneda porque no queda otra.

    -¿Pasaste situaciones de inseguridad?

    -Sí. Intentaron robarme dos veces. Una fue con un arma y otra vez aparecieron varios chicos para abrirme la puerta del auto. Tuve miedo, claro, pero después fui aprendiendo a manejarme más por Capital que por algunas zonas de provincia.

    Surgió del semillero de Racing.

    -¿Cuál fue el punto de quiebre de tu carrera?

    -Cuando fui convocado a la Selección por Sampaoli para un amistoso con Brasil (luego, ante Singapur) me rompí los meniscos externos. Me operaron los médicos de la Selección y de Lanús. La recuperación era de dos meses y medio, pero a los 45 días ya estaba jugando porque teníamos Copa Libertadores. Yo quería estar y el club también me necesitaba. Ahí empezó el problema.

    -¿Qué consecuencias tuvo?

    - La recuperación no fue la adecuada. Se fueron desgastando los cartílagos y la rodilla empezó a sufrir. Prácticamente no me entrenaba. Hacía rehabilitación, pelota parada y jugaba. Después de los partidos la rodilla se me llenaba de líquido porque no tenía la masa muscular necesaria.

    En San Martín de San Juan tuvo dos ciclos.

    -¿Qué te dejó el fútbol?

    - Llegar a la Selección, jugar Juegos Olímpicos (los de 2016, en Río de Janeiro) y compartir plantel con Messi fue algo único. El fútbol me dio muchísimo. Gané títulos, aprendí mucho y hoy puedo decirles a mis hijos que jugué con el mejor del mundo.

    Con Lanús llegó a la final de la Libertadores 2017.

    -¿Pensás que podrías haber jugado un Mundial?

    -Sí, muchas veces lo pensé. Scaloni, que en ese momento era ayudante, me había dicho que si me recuperaba bien de la lesión podía estar en consideración para Rusia 2018. Uno soñó con eso, pero son cosas que pasan en el fútbol.

    En Central Argentino de La Banda.

    -Volvamos a Messi. ¿Cómo fue aquella experiencia?

    - Era tal cual se lo ve: muy tranquilo. Cuando llegamos a Singapur nos recibió, nos saludó y nos hizo sentir cómodos. Yo había llevado una camiseta de Lanús para regalársela. Fui hasta su habitación, se la entregué y le pedí una foto. A los pocos minutos me mandó a buscar y nos sacamos la foto. Después me regaló una camiseta y un pantalón suyo.

    -¿Tus hijos qué dicen sobe eso?

    -Vieron muchas veces la foto. Incluso, tengo un termo con una imagen de Messi y mi hijo dice: "Messi es amigo de papá". Son recuerdos muy lindos.

    Padre de cuatro hijos, José Luis, uno de 12 hermanos, es un símbolo de la resiliencia desde pequeño. " Irme de Santiago del Estero a los 12 años para vivir a una pensión (de Racing) de Buenos Aires fue muy difícil. Para los santiagueños -remarca- la familia es todo. Fue muy difícil estar lejos".

    -¿Cómo era la situación económica de tu familia?

    -Muy complicada. Había veces que almorzábamos y no cenábamos, o cenábamos y no almorzábamos. A veces era una taza de mate cocido con pan. Eso te marca y te da fuerzas para seguir luchando.

    -¿Pudiste ayudar a tu familia cuando cobraste tus primeros contratos?

    -Sí. Cuando Lanús compró parte de mi pase, el dinero se lo entregué a mi papá. Con eso pudieron comprar una casa. No era una mansión, pero les permitió tener un techo propio.

    -¿Hoy seguís ayudando a tus hermanos?

    -Cuando estaba mejor económicamente ayudaba mucho más. Hoy es más complicado porque vivo el día a día, pero siempre trato de estar para ellos.

    -¿Tenés algún ahorro para el futuro?

    -No. Hoy vivo al día. No es como antes, cuando sabías que el sueldo llegaba todos los meses y además tenía contratos de patrocinio. Seguramente cuando deje el fútbol tendré que trabajar de otra cosa.

    Su drama en Huracán

    A una de sus tantas adversidades la atravesó en el Globo. Tras rubricar contrato, nunca pudo jugar.

    -¿Qué pasó?

    -Había firmado por un año y medio, pero me detectaron anemia. Me sentía cansado, sin aire y con mucha fatiga en las pretemporadas.

    -¿Cuál era el origen del problema?

    -Era una pérdida de sangre producida por hemorroides. Con tratamiento y medicación se solucionó, pero estuve parado varios meses. Después apareció la oportunidad de volver a Racing.

    En Huracán firmó contrato y no llegó a debutar.

    -¿Qué aprendiste de todo lo vivido?

    -Que nunca hay que perder la humildad. Me tocó jugar en la Selección, compartir con figuras importantes, salir campeón y vivir experiencias increíbles, pero sigo siendo la misma persona que se fue de Santiago del Estero siendo un chico.

    -¿Y qué mensaje les das a los chicos que sueñan con ser futbolistas?

    - Que no bajen los brazos. Que sigan intentando y que se apoyen mucho en su familia. El fútbol es hermoso, pero también muy sacrificado. Hay que levantarse temprano, viajar, entrenar todos los días y hacer muchos esfuerzos. Si en un club no les dan la oportunidad, que prueben en otro. Lo importante es no dejar de intentarlo porque el sacrificio siempre termina dando frutos.