BOCA-RIVER
Agregar Olé en
Siete campeones del mundo, la ilusión del local de acercarse al título y la necesidad del visitante de dar un golpe que lo afirme. En la Bombonera, un superclásico de lujo, atravesado por la tensión y los cruces por el arbitraje.

Mucho oro. Siete campeones del mundo con chances de firmar planilla. El mejor jugador (terrenal) de la Selección en el último Mundial jugando para Boca. Otras tres joyas recientemente fichadas y con estatus Qatar en la Banda de enfrente: Nicolás Otamendi, Thiago Almada y Ángel Correa. Un equipo local que refrenda el significado de tal término cuando sale a jugar, mérito de un Rodolfo Arruabarrena que trajo paz y resultados. Un adversario que sólo dejó ir apenas 4 de los 24 puntos en juego con su entrenador interino -Leo Ponzio- pero que necesita de un resultado tope de gama para validar su efectividad.
Un Boca que de ganar dará un pasito más hacia el título de Campeón de Liga, hacia la Libertadores 27, al sueño de ganar todas las manos que tiene sobre la mesa y las que puede disputar. Un River que lleva ya dos años sin títulos, que entrena sus matemáticas para apuntar a los mejor torneo de Conmebol y a los mata-mata y que todo eso lo hace desde la trinchera, enfrentado a AFA, elevando la guardia como en los tiempos de Marcelo Gallardo...
Y ahí, el morbo. La “garantía de transparencia” en relación al arbitraje reclamada por Stefano Di Carlo en la previa apuntando a Claudio Tapia, última voz oficial después de que tanto Ponzio como Ángel Correa (la figura del equipo) y Gonzalo Montiel (uno de los referentes) alzaran la voz en la misma línea. El recuerdo latente que agita River del penal no cobrado de Lautaro Blanco a Martínez Quarta. La respuesta de Juan Román Riquelme como contragolpe... Un ecosistema en el que, por caos, deberán laburar Nicolás Ramírez en campo y Silvio Trucco desde el VAR. A la espera de que nada empañe el show. Ni las hormigas ni los elefantes.
Boca vs. River, Arruabarrena vs. Ponzio.
Esto es el superclásico del Clausura 2026. La gran oportunidad de Boca de empezar a cerrar con el broche soñado este año que empezó en Libertadores, en el que por resultados decantó en Sudamericana y que, ya armonizado, con un par de pibes híper sólidos y templados en la zaga (Di Lollo-Jagger), un medio con músculo y juego (Ascacibar, Paredes, Delgado) y un ataque peligroso, aspira a llenar el almanaque de compromisos festivos. Sabiendo, por la experiencia de sus intérpretes, que no debe apurar celebraciones. Que la mente tiene que estar en donde debe. Y el Súper va a ser, evidentemente, uno de esos exámenes complejos que marcan la temperatura.
Del otro lado River llega al superclásico en modo Pitágoras. Con la calculadora en la mano y varias cuentas abiertas. Sabiendo que con un punto entre Boca y Aldosivi se asegura su lugar en los playoffs del Clausura, mientras que con una victoria ya garantiza, como mínimo, su clasificación a la próxima Copa Sudamericana. Por eso, sumar en la Bombonera no será un detalle: puede empezar a cerrar objetivos importantes.
La Libertadores es otro cantar. Para seguir con vida por la tabla anual, River necesita ganar los dos partidos que le quedan y llegar a 58 puntos. Incluso así, deberá esperar otros resultados y alguna ayuda externa. También puede beneficiarse si se liberan cupos por campeones o tomar el camino más corto de todos: ganar el Clausura y meterse directamente en la fase de grupos...
Paredes/ Correa
Pero antes está esta estación de juego en la que tiene que dar la talla: en esta sensación de serpientes y escaleras constante, una mala pasada puede llevarlo a retroceder en el tablero. Todavía no logró estabilizarse en un promedio entre los encuentros con mandíbula frágil ( 31 partidos sin poder dar vuelta un resultado) y el brillo que alcanzó ante Belgrano. Casi una constante que explica por qué desde la última visita a la Bombonera cambiaron 19 protagonistas -entre ellos, Marcelo Gallardo, el técnico-estatua- para intentar refundar algo que no daba garantías ni siquiera habiendo sido subcampéon en el Torneo Apertura.
Ganar en la Bombonera curará mucho de todo eso. Es tan complejo como necesario para un grupo que empezó a conocerse sobre el escenario, al que los refuerzos se le fueron sumando con el correr del campeonato. Que tiene dentro de su staff muchos más nombres que varios equipos de América juntos y reunidos, que gana, sí. Pero que no convence. Porque ese ítem no se tilda con una victoria ante Independiente Rivadavia, Atlético Tucumán o Racing, sino con una en un encuentro de altísima talla. Como Boca.
Y ahí, entonces, la constelación de contextos. Muchísimo oro en cancha, quizás como en ningún otro clásico de la era moderna por la calidad y la jerarquía de los intérpretes. Mucho morbo, también, por toda la previa que empezó a jugarse apenas terminó la fecha pasada. Una mezcla que mareó hasta a los pronosticadores de la IA. Un superclásico bien argento que ahora deberá jugarse...
Todavia no hay comentarios aprobados.