BOCA
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El capitán de Boca sumó una semana de trabajo después de su desgarro y sus 90 minutos contra Independiente.

Hay dos cuestiones que se posarán sobre la figura de Leandro Paredes en el partido ante River. Ambas decisivas para el desarrollo del juego, pero bien distintas en lo que representa cada una para el capitán de Boca, a punto de jugar el tercer superclásico desde su vuelta y apenas el quinto de su carrera.
Una tiene que ver con lo físico. Porque su recuperación del desgarro en apenas 11 días -que le permitió jugar en el Maracaná la revancha ante Vasco da Gama- ya es parte del pasado, y la semana que siguió desde el tremendo esfuerzo que realizó en la cancha de Independiente le devolvió el trabajo de campo que durante esos días de reposo y kinesiología le faltaron.
"Está mucho mejor"
" Está mucho mejor, ya en la previa de Independiente hacía piques y pasadas y no le costaba patear, y eso se vio en cancha en gran parte del partido", le contaron a Olé de su realidad en estas horas, en relación directa con la gran incertidumbre que hay respecto de si su partido será más bien como los últimos -es decir, con menos movilidad- o más cercano a una plenitud que le permita tener más ritmo.
La clave fútbol
La otra clave que tendrá a Paredes como protagonista es la futbolística. Porque ya está probado lo que puede generar si se adueña del trámite, y esa apuesta es la que el Vasco Arruabarrena intentará hacer prevalecer a partir de lo que el esquema pueda ayudar a lograrlo.
En ese sentido, el armado rival será importante, pero también el hecho de pensar un 4-3-3 (con la presencia de Sebastián Villa por Alan Velasco) le puede aportar más gente a su propia mitad de la cancha, para que Leo tenga la libertad que necesita para encontrar su espacio desde donde lastimar.
Clave Súper
Así lo hizo, por ejemplo, en el partido del mes de abril en el Monumental. Con pocos espacios porque River apuntó a anularlo, pero donde pudo conectar con pases profundos, sobre todo los en los que encontró a Miguel Merentiel de cara a Santiago Beltrán, para crear un mano a mano que pudo abrir el partido y la jugada decisiva de aquel 1-0: cuando la Bestia remató ante la marca de Lautaro Rivero y generar el penal que el capitán cambió por gol.
Fue, seguramente, su momento top en el recorrido que tiene en los superclásicos. Su serie personal, en la que lleva dos victorias (consecutivas, en los dos partidos desde su regreso) y dos empates.
De esa marca, de su cabeza ganadora y de la necesidad de Boca de quedarse con los tres puntos -para intentar coronar la campaña del año con un título- estará la que sería la tercer clave: el fuego sagrado de un campeón del mundo al que estos desafíos le calzan a la perfección.
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