BOCA-RIVER

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Cueste lo que cueste: todo lo que Boca y River ponen en juego en el Súper del domingo

Con la cuenta regresiva corriendo, los dos ya tienen claro qué pueden conseguir y cuánto tienen por perder en un partido muy especial.

    Boca y River (y River y Boca) siempre se están jugando algo. La vida, básicamente y en términos futboleros de chicanas y cargadas mutuas, se va y viene antes y después de cada superclásico. Por el orgullo de jugarse el partido que todos quieren ganar y nadie quiere perder, pero que en este caso pone en disputa mucho más que tres puntos y todo el folclore de siempre.

    Porque el momento de Boca es expectante y no permite distracciones, lo cual puede ser una oportunidad para el River herido que llega todavía con chances concretas de cumplir uno de sus objetivos del año, que es clasificarse a la próxima edición de la Copa Libertadores.

    Con esas premisas, cada uno tiene, entonces, los motivos de máxima para intentar ir por los tres puntos. Aunque son muchos, muchísimos más, los que generan una necesidad -para ambos- de ganar cueste lo que cueste.

    Boca y su año por coronar

    Empezando por el local, la última seguidilla en el Torneo Clausura (ganó cinco de los últimos seis partidos), lo dejó no sólo clasificado a octavos de final sino también a dos triunfos de asegurarse el primer puesto en la Tabla Anual, que es lo mismo que decir que está a dos partidos de ser campeón, nada menos. No podrá conseguirlo este domingo, pero sí sumar grandes chances en el caso de quedarse con el triunfo.

    En esa misma dirección, el golpe al rival casi condenándolo a no jugar Copa Libertadores por segundo año consecutivo (salvo asteriscos a desarrollar), sería un aliciente más eufórico aún de lo que fue el clásico ganado en el 2025, que dejó al Xeneize adentro de la Copa de este año y a River a punto de perder su boleto.

    La confianza que dejaría una hipotética victoria no es posible medir en los resultados que lleguen a partir del domingo, pero hay una certeza: si Boca corona en estas dos fechas (después de River le tocará Defensa y Justicia en la Bombonera), su mochila de peso en la semi de Copa Argenitna (el 14 de noviembre) y en la final de la Copa Sudamericana (el 21), será mucho más liviana con un título encima que esperando hasta definir los mano a mano para coronar.

    Precisamente esa palabra es la más repetida por el Vasco Arruabarrena cada vez que le toca mirar a futuro y sin querer pisar el palito de confiarse de más. Coronar, en el término de sus propios objetivos, es retomar la senda de la victoria que dejó inconclusa cuando se fue del club en 2016, apenas un par de meses después de ganar dos títiulos en una misma semana.

    Cueste lo que cueste, cantaba el vestuario de Boca en Avellaneda. Y adentro del mismo estaban juntos Leandro Paredes, que también quiere sellar con títulos su regreso estelar al club. O Miguel Merentiel, símbolo de estos años en positivo, aunque si el respaldo de esa estrella que ya lo desespera.

    River y su última bala

    La victoria agónica de Boca ante Independiente le dio un golpe extra a la ilusión del Millonario de cara al clásico: con esos tres puntos, el eterno rival se hizo casi inalcanzable y evitó la chance de ser superado el domingo próximo ante una eventual derrota. Sin embargo, los de Leo Ponzio tienen un plus motivador si consiguen el triunfo: lo sacarán de la punta casi con seguridad. Es decir, le arruinarán un título.

    Casi lo mismo podría decirse de un empate, aunque en ese caso sería un perjuicio compartido, porque a River un punto prácticamente le equivale a despedirse de la posibilidad de entrar en la Copa 2027 por Tabla Anual, con lo cual la vara por delante es la de ir por los tres puntos, apoyada también en la necesidad de su cuerpo técnico y de su golpeado plantel.

    Ese ítem es muy simple de explicar: de la decisión dirigencial -luego del empate ante Sarmiento- de bancar y sostener al ídolo en el banco de suplentes, se desprende que River sigue apostando al proyecto que no pudo coronar con Eduardo Coudet en el comando, y al que a esta altura sólo un título en el Clausura, además de un gran superclásico podrían darle vida.

    Bajo esa misma premisa, la valoración (futbolística y popular) de los refuerzos estelares y del plantel en general estarán inevitablemente marcados por el partido en la Bombonera.

    Las armas, está claro, no son las ideales y eso va más allá de los resultados, que con Ponzio al mando no le fueron esquivos. Pero entre niveles individuales y bajas, el contraste en comparación con la línea media de Boca parece estar en el terreno de una absoluta desventaja.

    Sí se pudo advertir en estas horas -a partir de la preocupación deslizada desde la dirigencia- que el tema árbitro no será menor. Y eso es algo que guarda lógica absoluta con los últimos tiempos riverplatenses.

    Cueste lo que cueste

    También en el Monumental se cantó por el clásico. a siete días de que ocurra. Y así lo repiten y lo repetirán de un lado y del otro desde acá y hasta el domingo. Por los motivos naturales, por los expuestos. Y porque... siempre puede haber un por qué hay que ganarle al clásico rival.