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La gran oportunidad que Aníbal Moreno esperaba en River

Aníbal regresó en buen nivel ante Belgrano y desea aprovechar este sprint final para demostrar por qué Ponzio lo esperó para usarlo y River lo eligió: sin Vera, será el #5 ante Racing y Boca.

    Siempre se extraña a la familia. Si se da, entonces bienvenido...”. Desde aquella tarde de calor catamarqueño de diciembre en la que Aníbal Moreno se mostraba abierto a hacer match con River y esta especie de primavera indecisa pasaron 308 días y tres técnicos por el banco de un club que había cambiado la misma cantidad a lo largo de más de una década. Quizás un termómetro del momento en el que el volante central llegó a Núñez. Allí donde él mismo tuvo altibajos que, como el propio equipo, el Colo quiere empezar a dejar archivados en este sprint final.

    Moreno volverá a jugar en el Monumental frente a Racing, el otro de los clubes king size del fútbol argentino en el que jugó tras sus primeros pasos en Newell’s. Y lo hará, Aníbal, después de haber regresado en un buen nivel frente a Belgrano tras una discopatía lumbar que lo mantuvo alejado de las canchas durante un mes y medio en el que debió realizar tareas específicas para alcanzar su nivel físico óptimo. Es decir, del inicio del proceso que encabeza, por ahora interinamente, un Leonardo Ponzio que le dio la chance de reaparecer en el Kempes incluso cuando tenía a disposición a Fausto Vera. Y el pivote de 27 años cumplió: ordenó desde el juego y la voz, ocupó bien los espacios, priorizó la circulación y el pase limpio por encima de la verticalidad para intentar convertir y fue simple y pragmático. Quizás su mejor versión en River. Y en un momento oportuno para él y para su equipo.

    Aníbal Moreno River

    Eje en soledad y la cuenta pendiente con la regularidad

    Porque sin Vera -desgarrado, no jugaría hasta después del superclásico- Aníbal será el centrocampista único de un River que apoya su fútbol en un eje que debe ser preciso. Moreno ha demostrado su compromiso con la camiseta desde su llegada, tanto que la final del Clausura en Córdoba la jugó con poco tiempo de recuperación de un desgarro encima. Eso lo llevó a ser reconocido por la gente. No obstante, todavía en su agenda de pendientes está el consolidarse desde la solidez: errores puntuales a lo largo del año lo llevaron a quedar bajo la lupa. Como aquel tiro libre que sacó rápido ante Tigre en la goleada que empezó a marcar el final de la segunda era Gallardo. O, ante el mismo rival pero en Victoria, cuando quiso girar ante Jabes Saralegui, perdió el balón y la pelota fue para el verdugo de Tigre, Nacho Russo. Y 0-1. Incluso ante el rival de mañana y en el Cilindro el Colo también falló feo (obsequió en una salida a Maravilla Martínez; rechazó mal de cabeza y le sirvió la pelota a Santiago Solari) aunque lo salvó Santiago Beltrán. Tal es así que a lo largo de la primera parte del año, quien terminó ganándose un lugar fue Lucas Silva, centrocampista juvenil al que Eduardo Coudet le dio rodaje y confianza y que cumplió. Un pibe, como Santiago Espíndola, que espera su chance ahora en el banco.

    Aníbal Moreno superó una extensa recuperación antes de la visita ante Belgrano (Prensa River).

    La confianza de Ponzio y los números que respaldan su despliegue

    Moreno, con Ponzio, ha recuperado terreno tras la lesión.Y buscará demostrar que aquellos errores no fuero más que excepciones para un futbolista que en métricas demostró que se destaca por su variedad táctica. En 2026 acumula alrededor de 100 quites, más de 150 duelos ganados y una precisión de pase cercana al 85%, números que reflejan su capacidad para intervenir tanto sin pelota como en la circulación. Incluso en un corte parcial de sus primeros 20 partidos de Liga ya registraba 97 recuperaciones, una muestra del volumen que sostiene para barrer segundas pelotas, cortar avances y permitir que el equipo vuelva a atacar. Su fortaleza está justamente ahí: aparece muchas veces, pierde pocas intervenciones simples y suele ofrecer una salida segura post recuperación.

    Pero su aporte no termina en la contención. Moreno también supera los 20 pases clave durante el año, suma más de 20 remates y participa de manera constante en la construcción desde campo propio, con apoyos cortos, cambios de orientación y pases verticales. El déficit estuvo en su baja tasa de conversión. Pero esa combinación entre recuperación, duelo, quite y precisión explica por qué suele ser una pieza estable dentro del mediocampo: puede sostener intensidad defensiva sin comprometer la posesión y, al mismo tiempo, darle continuidad al ataque. Las disputas que gana y la seguridad que ofrece cada vez que River necesita volver a empezar. Al igual que Moreno, que casi un año después de haber acordado su fichaje en el CARP desea demostrar que es su (Aníbal) momento.

    Moreno sufrió una protusión discal tras los octavos de la Sudamericana (EFE/ Mauricio Dueñas Castañeda).