COPA LIBERTADORES / FLAMENGO-ESTUDIANTES
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Los dos equipos argentinos coincidieron en sus compromisos por las semifinales de las copas continentales. Y su gente copó Brasil haciéndose notar.

La escena puede ser propia de una plaza en La Plata, o mismo en cualquier barrio de Buenos Aires: dos pibes, una pelota, y cada uno con su camiseta. Pero no, es Río de Janeiro, y son desafíos coperos. Uno es de Boca, y tiene la 5 de Leandro Paredes. El otro es de Estudiantes, y lleva orgulloso la 9 de Guido Carrillo. Es una semana especial porque sus dos equipos jugarán en el Maracaná por un pase a la final de las dos copas que les tocó en suerte jugar a cada uno de ellos.
Es una situación particular, custodiada por los padres de ambos. Amigos y con una idea tan brillante como lógica: desde el momento que se supo que Boca jugaría la revancha contra Vasco da Gama en la misma ciudad en la que Estudiantes lo haría contra Flamengo, el plan fue perfecto: todos a Río. Y fue el plan perfecto, aunque si de algo se pueden quejar es de la falta de un condimento fundamental y pocas veces ausente en estas tierras: el sol, que esta vez brilló pero por su ausencia.
Por el resto, la tensa calma que habitó en los adelantados que desde el domingo dieron vueltas por la capital de Brasil fue con convivencia compartida entre camisetas (muchas, miles de ambos), como otra particularidad que pintó con un matiz particular los días de la semana más importante del fútbol sudamericano en materia clubes.
Los jugadores, aplauden con los hinchas.
Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial
Fervor en la llegada de Estudiantes.
Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial
El Cacique Medina, con la gente.
Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial
Inédita convivencia
Precisamente de esos días se desprendió una convivencia que pocas veces se da en el marco del fútbol argentino. Las parada de cada posto, tanto en las playas de Copacabana, como en las de Ipanema y también en Barra fueron un punto de encuentro de amigos que iban llegando tanto de una parcialidad como de otra. Incluso, algunas compartiendo pasión entre amigos, cada uno con su bandera.
Un pibe de Estudiantes, el otro de Boca. Juntos.
Un pibe de Estudiantes, el otro de Boca. Juntos.
Román a la vista
También la postal que se pudo ver una noche de caminata del presidente de Boca, Juan Román Riquelme, retratado por un grupo de hinchas de Estudiantes que caminaban por la zona y ante los que Román se prestó con absoluta amabilidad a la foto. Sin dudas, una convivencia que también ayudaba -se repite, sin sol a la vista- a que el tiempo pasara y la ansiedad se calmara.
Riquelme en Río de Janeiro, con hinchas de Estudiantes.
Ya en miércoles, los rezagados hinchas de Boca que quedaron en la ciudad sacaron algo del clima futbolero del inicio de la semana, aunque también a eso contribuyó el día lluvioso y ya hasta frío. Nada impidió -sin embargo- que la gente de Estudiantes se diera cita en la recepción de sus jugadores para darles el apoyo cara a cara. Y de cara a un partido que será fundamental como todo lo que -para Estudiantes- a Copas se refiere.
Y con el jueves como día Pincha, aún por Copacabana quedan rezagos de camisetas de Boca, todas saludadas por fanáticos de Flamengo que agradecen la eliminación de Vasco da Gama. El sol sigue sin aparecer y hasta una fresca brisa parece ir contra la naturaleza de la Cidade Maravilhosa. Será porque está tan metida en el fútbol como todos los hinchas que la coparon para el Maracanazo que ya fue. Y quizá para el que falta.
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