BOCA / SELECCIÓN
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A 24 horas de su doblete con Boca, el juvenil jugó 45’ con Argentina y siguió viviendo un sueño increíble. El Vasco lo mima y hace todo para que el pibe no se maree.

La vida de un futbolista puede ser muy vertiginosa, tener curvas muy marcadas y suele tener más malas que buenas. Eso al menos en un nivel promedio general, realidad que les cabe a la mayoría y mucho más mientras dan sus primeros pasos como profesionales. No es, al menos por ahora, lo que le está ocurriendo a Leonel Flores, el pibe que deslumbra ya no sólo a Boca y los que lo ven de afuera, sino que también al resto de los argentinos, por su reciente aparición explosiva en la Selección de Lionel Scaloni, con debut ante Bolivia y todo el segundo tiempo anoche frente a Burkina Faso.
Es que las últimas semanas del juvenil delantero lo catapultaron definitivamente a otro nivel, al de una estrella incipiente del medio local y con la importancia que tiene serlo con dos camisetas tan pesadas. Los detalles son muy claros: su primera convocatoria para la Mayor no lo distrajo, y se desdobló para poder estar presente tanto en los trabajos junto a las estrellas de la Scaloneta como para hacer el ida y vuelta y no dejar de lado sus compromisos con Boca.
Y si bien el partido ante Racing en Rosario no había mostrado su mejor versión, entre miércoles y viernes le alcanzaron alrededor de 40 minutos para sacar a relucir toda su dimensión real. Primero, los 10 que jugó con la celeste y blanca en su pecho por primera vez en su carrera. Después, con la última media hora top en la que marcó sus primeros dos goles en la Bombonera. Y anoche. de nuevo con la albiceleste, fue aplaudido cuando salió al campo del Monumental, jugó 45 minutos y estuvo varias veces cerca del gol.
"Le dimos medio tiempo, pero hay que cuidarlo. Son jóvenes que nos darán alegría. Los llevaremos poco a poco y cuando vemos el momento los haremos jugar", dijo Scaloni tras la goleada.
Lejos de ser una casualidad, Flores -está claro- sabe cómo aprovechar las oportunidades. Porque cabe recordar que el semestre anterior al de su explosión el chico lo terminó sin siquiera haber debutado en Primera. Y que así como el Vasco Arruabarrena lo marcó apenas llegó, lo subió al plantel y resignó seguir pidiendo delanteros confiando en su potencial, su adaptación a jugar en serio fue notable.
Vertiginoso
Ya figura desde su primer partido por los puntos (el 16 de julio ante Sarmiento por Copa Argentina, un 2-0 con un gol suyo), pronto le ganó el mano a mano por el puesto a Sebastián Villa. Y después fue justificando esa preferencia del DT por su aporte por sobre el del colombiano, cuando Arruabarrena notó que era mejor sumar a uno que sea más conductor (primero Tomás Aranda, luego Alan Velasco) para completar el ataque de un rapidito y un 9 en lugar de poner dos extremos.
Los días que vendrán seguirán teñidos de muchos colores, porque lo tendrán entre la Selección y Boca, que recién volverá a jugar el viernes 9 y ya sin doble compromiso para Flores. Sin embargo, el trabajo en esta nueva etapa pasa por otro lado, uno que para el DT es clave: ayudarlo a mantener los pies sobre la tierra.
El mensaje del Vasco
En ese sentido, el mensaje que bajó el Vasco desde la conferencia de prensa apuntó a eso. A ponerle los límites, y al punto de haberle recomendado (y hasta un par de pasos más, porque lo hizo públicamente) que se mude a Puerto Madero, una zona más conveniente desde la ruta directa que hay con Boca Predio en Ezeiza.
Es la hora de cuidar, entonces. A Flores y a su juego. A Flores y a su aporte. A Flores y a su futuro. Y todo mientras Boca lo disfruta y -siguiendo la línea que viene dibujando estos meses- lo acompaña en lo que pueden ser los primeros pasos de una carrera estelar.
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