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Caso Rojo: entre el deseo y la realidad

Aunque hay un contrato firmado con Racing, que tiene una chance a la cual debe aferrarse, el jugador quiere irse seducido por la chance de jugar la definición de la Copa Libertadores con Estudiantes.

    Con frecuencia se tiende a romantizar el deseo de un jugador por ponerse una camiseta, y se empatiza más con la ilusión del futbolista que con la inevitable defensa que cualquier dirigencia tiene que hacer de los intereses del club que representa.

    Nos pasó con nuestro querido Julián Álvarez cuando, en medio del Mundial, se le ocurrió decir que estaba agotado su ciclo en el Atlético de Madrid y no ocultaba la seducción que le producía el Barcelona.

    Pero, más allá de los motivos que pudiera tener el Araña para no sentirse a gusto y contenido en el equipo del Cholo Simeone (que lo elogia como “el mejor del mundo” pero lo saca sin mosquearse, a veces lo deja medio solo con cambios defensivos, o lo rodea mal), ¿cómo les explica el Aleti a sus hinchas que deja ir a su jugador franquicia a potenciar a un rival directo de su propia liga?

    Hubo allí algún ruido en la comunicación, o alguna promesa incumplida que lo hizo mandarse de cabeza a Julián. Era en pleno mercado de pases.

    Aquí, Racing está por jugarse todo el año en los pocos partidos del torneo que faltan y no parece que Marcos Rojo pueda reclamar ningún pacto: caído de la Copa Argentina, a él no lo motiva pelear por los playoffs con su actual camiseta y está deslumbrado por volver a ponerse la de Estudiantes y ser parte de la apetecible aventura de buscar la Copa Libertadores.

    Racing, en cuyo debilitado plantel ya Rojo es una referencia para todos sus compañeros, quiere que respete el compromiso que lo vincula hasta fin de año. Rojo se empaca, Racing también: ya por orgullo, lo deja sin el pan y sin la torta. No quiere que vuelva a jugar con su escudo, y tampoco lo deja irse a Estudiantes.

    Los futbolistas son los primeros en reclamar cuando no les cumplen un contrato. Y eso está muy bien. Pero a veces actúan como si esa firma no les significara a ellos ninguna obligación.

    Rojo contra Boca, en el que sería su último partido en Racing (Foto: Fernando de la Orden).

    Un lío para Diego Milito.