RIVER
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En la temporada, River es el equipo que más ocasiones claras de gol falló: un margen de error que deberá disminuir de cara a partidos decisivos.

De cara a las últimas fechas, River se pone el overol y trabaja. En el Camp, el equipo de Leonardo Ponzio afina tuercas de cara al desenlace inminente de un Torneo Clausura en el que aún tiene que disputarse uno de los principales objetivos que le quedan en la temporada: clasificar a la Copa Libertadores 2027. Pero, para ello, hay una tendencia que deberá revertir: la falta de contundencia para transformar las situaciones que genera en goles y, una vez que consigue la ventaja, la dificultad para cerrar los partidos.
Los números son elocuentes. En la temporada, River es el equipo que más ocasiones claras de gol falló: 56. El problema no está necesariamente en la generación, sino en la efectividad. El equipo tiene un promedio de 2,8 ocasiones claras por partido y falla 1,9: es decir, desperdicia aproximadamente el 68% de las situaciones nítidas que consigue.
Foto: prensa River
La radiografía se completa con otro dato. A lo largo del año, el CARP promedia 16,2 remates por encuentro: 5,3 van al arco, siete salen desviados y otros cuatro son bloqueados. En otras palabras, de cada 16 intentos que genera, apenas poco más de cinco terminan teniendo destino de arco. Una muestra de que el volumen ofensivo existe, pero que todavía falta convertir esa producción en una diferencia mayor en el marcador.
Una estadística que también se refleja en las tablas. A la fecha, River tiene apenas +1 de diferencia de gol. Un margen demasiado acotado para un equipo que necesita mejorar en un rubro que puede terminar siendo determinante en la lucha por la clasificación a los playoffs y, también, en el objetivo de meterse en la Copa Libertadores 2027.
Foto Marcelo Carroll
Porque herramientas para lastimar tiene. El ya conocido Sebastián Driussi, con nueve goles en el año y dos en este semestre, y las llegadas de Thiago Almada (2), Ángel Correa (3) y Tobías Andrada (1) le otorgan jerarquía, variantes y capacidad para encontrar el gol. Con la salida de Eduardo Coudet y la asunción de Ponzio, eso empezó a revertirse. El problema aparece después: cuando consigue ponerse en ventaja, River no siempre logra transformar esa superioridad en tranquilidad.
El 3-2 ante Banfield fue un ejemplo concreto. River llegó a estar 3-1, pero permitió que el Taladro descontara en el segundo tiempo y terminó sufriendo hasta la última pelota. Incluso Banfield convirtió en el cierre, aunque el gol fue anulado por posición adelantada. El equipo de Ponzio se llevó los tres puntos, pero volvió a quedar expuesto en un aspecto que se repitió durante el semestre: la dificultad para cerrar los encuentros.
El entrenamiento de River (Prensa River).
En Tucumán volvió a suceder. River se puso en ventaja, Atlético consiguió empatar y el equipo recién encontró el segundo gol en los minutos finales. Otra vez, tres puntos adentro, pero sin la capacidad de resolver el partido antes y evitar que el rival tuviera la posibilidad de volver a meterse en carrera.
Contra Independiente Rivadavia ocurrió algo parecido. River consiguió ponerse 2-0 y parecía tener el partido controlado, pero dejó crecer a la Lepra, que descontó y luego tuvo una situación clarísima para empatar: un remate que terminó dando en el travesaño. Recién después llegó el 3-1 que terminó de liquidar la historia.
El trabajo de Ponzio en el Camp
A sabiendas de esto, y en plena fecha FIFA, la premisa puertas adentro es clara: que la falta de competencia oficial no apague el ritmo futbolístico de un plantel largo y competitivo. Por eso, en el River Camp, el foco estuvo puesto íntegramente en la pelota.
Para que todos los jugadores -desde los habituales titulares hasta los que vienen sumando menos minutos- tengan rodaje y sigan aceitando el funcionamiento, se realizaron diferentes ejercicios técnicos y tácticos en espacios reducidos, buscando aprovechar el tiempo para pulir detalles, especialmente en la definición y en la capacidad del equipo para sostener las ventajas.
Ponzio y Barovero en el Camp.
Prensa River
En el tramo decisivo del Clausura, River tendrá que afinar justamente esos detalles. Generar ya genera. Ahora necesita convertir más y, sobre todo, aprender a administrar mejor las ventajas. Porque en un torneo que se acerca a su definición, dejar con vida a los rivales puede terminar costando demasiado caro.
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