COPA SUDAMERICANA/ SAN PABLO - BOCA
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Luego de 26 años, el DT vuelve al estadio donde fue campeón de América. Allí, buscará contagiar aquella mística para que su Boca se pueda meter en la semi de la Sudamericana...

Hay veces en las que los desafíos en el fútbol toman a sus protagonistas de sorpresa. O más bien, los encuentran sin una preparación acorde, enfrentándolos a suerte y verdad con un posible destino de gloria que queda más cerca de la casualidad que como parte de un camino planificado. En todo lo que tiene que ver con Boca, con el Boca 2026 del Vasco Arruabarrena, el partido de este martes por la noche ante San Pablo pareciera ser el desafío justo en el momento indicado . Y con el capitán del barco xeneize más preparado a bordo.
El análisis previo a esta revancha por los cuartos de final de la Copa Sudamericana bien podría quedar archivado ante un posible escenario de derrota, está claro. Pero se trata de contextualizar el punto de partida del ciclo del DT y entender que todo el trabajo hecho hasta el momento -con sus aciertos y errores y más allá del juicio futbolístico- le devolvió mucho de la identidad perdida a un equipo que sólo acumuló fracasos en los años previos al regreso a casa de uno de los hijos pródigos del club.
El Vasco, con el Chelo Delgado, también campeón de América en el 2000. (Prensa Boca)
Las señales más notorias tienen que ver con la impronta con la que Boca llegó hasta esta instancia, acompañado también por resultados alentadores en los dos frentes restantes en lo que compite. Y eso sí se advierte en cancha fuera de sí el equipo juega bien o mal: la idea conceptual de plantarse y de intentar ganar sea que el trámite resulte o no favorable es lo más saludable que se le advierte. Y eso tiene mucho que ver con el conocimiento que el Vasco tiene de la identidad del club que mamó como jugador y también de su experiencia anterior sentado en el banco de suplentes en su primera etapa como entrenador.
Del primer ítem es que parten los antecedentes más próximos a un compromiso como el que afrontará personalmente en el Morumbí. Es que precisamente ahí fue donde se consagró definitivamente como uno de los héroes responsables de la génesis del mejor equipo de la historia de Boca, la noche en la que el multicampeón equipo de Carlos Bianchi le ganó por penales la final al Palmeiras para devolverle al club una Copa Libertadores después de 22 años de verla casi como una quimera.
Con el Vasco, Boca campeón de la Libertadores 2000 en el Morumbí.
Salvando todas las distancias (de tiempo -pasaron 26 años-, de realidades, de rival, de jugadores y muchas otras) aquel que fuera uno de los últimos partidos del hoy DT con la azul y oro vistiéndolo (ya estaba vendido al Villarreal español y se fue un par de semanas más tarde) lo marcó para siempre y le enseñó lecciones definitivas para saber cómo se debe preparar un compromiso de esa índole.
Y algo de eso dijo ya en la conferencia de prensa del último viernes, luego de ganarle a Central Córdoba en la Bombonera y hacer gala de su conocimiento del paño, en un discurso mezcla entre sabiduría, ironía y mensaje interno para los suyos. Palabras que bien le podrían caber en una declaración retro al propio Virrey.
Bianchi y Arruabarrena consiguieron juntos tres torneos locales y una Libertadores.
“Somos Boca y tenemos que ganar. Vamos a ir a Brasil a imponer nuestro fútbol. Esperemos darle una alegría a nuestra gente porque queremos ser protagonistas de la Sudamericana”, dijo el DT buscando que su equipo igual banque la parada tras el 1-0 en el Templo.
El Morumbí fue también escenario de un partido menor pero que le permitió a Arruabarrena enfrentar a San Pablo pocos meses antes de la gesta del 2000. Fue por la extinta Copa Mercosur del año anterior, y fue un 1-1 anecdótico pero casi premonitorio: Bianchi puso esa noche en cancha a ocho de los 11 jugadores que serían titulares en la final ante el Verdao.
En tiempos en los que aquella competencia internacional no tenía la importancia que fue adquiriendo cualquier trofeo de esa categoría, todo un síntoma de cuánto fue preparando el Maestro a sus hombres para el momento de las grandes batallas.
De todo eso está nutrido Arruabarrena hoy por hoy, y -acomodado a las cuestiones del día a día- con esas premisas es que fue construyendo como pudo su Boca del presente. Jugando mucho (lleva 16 partidos en menos de dos meses de competencia), potenciando niveles, confiando en los chicos del club, acomodándose a la realidad que le presenta el armado de un plantel sobre la marcha. Y confiando en que pase lo que pase ante San Pablo, quedará claro que nada de lo que se desarrolle en cancha habrá sido improvisación.
El 11 de Boca para enfrentar a San Pablo
Montero; Lozano, Di Lollo, Herrera, Blanco; Ascacibar, Paredes, Delgado; Velasco, Merentiel y Flores.
Paredes, al llegar al Marriott de San Pablo. (Marcelo Carroll)
SAN PABLO (ENVIADO ESPECIAL).
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