RIVER
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Thiago eligió River para tener minutos y en siete partidos ya sumó un tercio de lo que había jugado en toda una temporada en el Aleti. Un presente que se celebra en la Selección.

Eligió River. Y Núñez lo festejó. Porque pudo haberse quedado en Madrid a esperar una oportunidad, Thiago Almada: a los 25 años, con apenas una temporada en el Atlético, no era descabellada la posibilidad de extender su estadía en la capital de España. Tuvo la chance también de volver a Río de Janeiro: Flamengo tentaba. Buen salario, un equipo candidato a ganar la Libertadores y el Brasileirao este mismo año. Un ecosistema ideal como para ir y romperla antes de ir por una nueva oportunidad en el fútbol UEFA.
Thiago Almada en el Camp.
Prensa River
Pero Thiago eligió River. Y lo celebraron también en una Selección en inevitable proceso de renovación. Volver a un equipo king size de la Argentina -y de alto nivel continental- le aseguró al Guayo un requisito invaluable tan o más valioso que el salario proporcional a su status. Le garantiza jugar.
Y así Lionel Scaloni, cuya continuidad no está garantizada pero sí planeada, está en condiciones de sentirse reflejado en la decisión de Almada: aquella condición que el entrenador había dejado flotar públicamente para las convocatorias para los futbolistas, el “necesitamos que todos jueguen”, está alineada con la elección que hizo Thiago. Un jugador que es parte de la sucesión del dorsal más emblemático -la del #10 de Lionel que estuvo a punto de vestir en Ecuador por Eliminatorias; se lo impidió una lesión muscular- y que además siguió una de las consignas que el propio Leo les bajó a las camadas emergentes: que si el plan era estar en la Selección, entonces eligieran sus destinos priorizando el hecho de tener continuidad.
Correa y Almada en River. Foto Marcelo Carroll
Almada no solo siguió el consejo de Messi: en su primer mes en River empezó a entender por qué era tan importante decidir con la lógica de Leo. Thiago ya sumó en siete partidos en River un tercio de los minutos que había tenido en el Atlético. Los 562’ equivalen exactamente al 32,98%. En contraste, en Madrid había disputado 1.704’ divididos en 40 presencias (un promedio de 42’). ¿La contraprestación? Proporcionalmente más alta: en Núñez aportó la mitad de los goles y asistencias que se había anotado en Madrid: allá hizo cuatro y convidó dos pases decisivos en un año; durante la era Ponzio/Coudet ya tiene un par de gritos, ante Banfield (3-2) y Atlético Tucumán (2-1).
Almada en el Atlético. EFE/José Manuel Vidal
La decisión que Almada tomó en consenso con su familia comenzó a darle rédito en campo: en el José Fierro se puso por primera vez la capa de héroe cuando el spoileable 1-1 estaba próximo a concretarse en la estadística. Él apareció y refrendó que es distinto: hizo el 2-1, bajo la lluvia, de lila oscuro. Épica necesaria incluso hasta en lo simbólico: la inversión histórica que el club hizo por su pase (según las comunicaciones oficiales pagó u$s 23 millones por el 100% de su ficha) tiene como costo colateral esa exigencia.
Thiago Almada
Prensa River
Almada lo sabe. Tanto como que en proyección al 2030, año en el que además vence su vigente contrato con River, es el jugador del fútbol local con mayor proyección de continuidad en la Mayor. Porque Gonzalo Montiel y Leandro Paredes están transitando el cierre de su ciclo de Selección -y la durísima sanción que sufrió el #5 por los incidentes ante España conspiran con darle minutos en lo inmediato. Porque Santiago Beltrán es potencialmente convocable, aunque todavía como relevo de Emiliano Martínez. Porque Tomás Aranda se lesionó gravemente justo cuando se imponía como parte de la renovación, y si el juvenil Leonel Flores, de Boca, es citado, lo hará en calidad de proyecto y no con el status que tendrá Thiago.
Un creativo que ya tiene guardada en su casa la medalla de campeón y de subcampeón del mundo como parte de sus tesoros personales. Como la réplica que se trajo de Qatar junto a un trozo de la red de Lusail y los puñaditos de pasto que recolectó Diego, su papá. O los botines que usó durante el torneo de 2022 (a excepción de los del partido ante Arabia, que no volvió a ponerse). Colección a la que, siente Thiago, todavía le faltan piezas.
Foto Juano Tesone
Por eso quiere seguir sumando minutos. Y ser el protagonista de un River que ya encontró en él y en su amigo Ángel Correa (además de Tobías Andrada) el flujo de juego que la dirigencia fue a buscar: la sociedad con Angelito hasta el momento ya le aportó al equipo cinco gritos -tres del rosarino- y un vértigo que hasta el semestre pasado le costaba tanto generar. Empezó a ser usina de las esperanzas que tendrán que refrendarse con hechos, logros. Objetivos que forman parte del masterplan: cuanto mejor les vaya a él y a River, mayores serán las chances de seguir siendo importante en la Selección Argentina. La que festeja su presente. Por el futuro.
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